domingo, 23 de marzo de 2014

Hacia el n-sexualismo

I. Su definición


M. –¿Qué es el n-sexualismo? Podemos decir que una práctica posible. Una forma de vivir la sexualidad. Algo vago, lo reconocemos. Lo que sucede, es que creemos que gran parte de la fuerza revolucionaria (o expansión utópica) del n-sexualismo proviene justamente de evitar una definición taxonómica de la sexualidad. De allí la “n”. Una n es una variable abierta, puede asumir cualquier valor, mantenerse estable o cambiar. No está precodificada. Aunque no hay que confundir. No se trata de una x, una incógnita a resolver, una esencia a develar. Todo lo contrario, intentamos dejar atrás la noción de “esencia” en la sexualidad. La n es más bien un punto de pasaje de intensidades mutantes. Un punto de conexión con otras sexualidades, una coordenada abierta al deseo múltiple.
El n-sexualismo es una forma de vivir la sexualidad sin necesidad de clasificarnos a nosotros mismos o a los demás en esta o aquella casilla: hétero, homo, bi, o lo que sea. Estos rótulos sólo sirven –en el mejor de los casos– para volver esperable, predecible nuestra conducta ante los demás; y en el peor, para generar conflictos en la formación de nuestra identidad sexual. Si alguien no se ubica en estas categorías, si no se asigna a sí mismo un valor estable, decimos: “¡Bueno, que se decida de una vez!”, o “Hay que tener paciencia: aún no se ha definido”. El n-sexualismo, al contrario, propone que no hay nada por definir, que no hay esencia que descubrir o aceptar, pero sí mucho por experimentar, mucho por sentir con el otro, mucho por liberar en las intensidades eléctricas que nos atraviesan y deshacen en el torbellino sexual de la vida.  

 E. –¡Exacto! El n-sexualismo pretende dejar a un costado toda objetivación de sexualidades en categorías cerradas. Muy al contrario, su intento es la apertura de posibilidades que eliminen conflictos típicos y angustiantes. La utopía es que cada cual viva lo sexual sin esquemas de inteligibilidad preestablecidos.
Hablando claro y simple, el n-sexualismo intenta solucionar muchos planteos o problemáticas actuales en relación a lo sexual. No exige a nadie definirse (nos olvidamos de las esencias), sino que impulsa a intensificar nuestras experiencias relativas a lo sexual.
 Cerrando este primer acercamiento, podríamos decir que el n-sexualismo se postula como una alternativa que propone desarrollar al máximo el flujo de posibilidades en las relaciones con los otros. Una alternativa que impulsa a vivir el devenir de nuestros deseos con libertad y sin culpas, multiplicando nuestro goce al abrir posibilidades para pensarnos a nosotros mismos y a los demás. Experimentar con el otro la mayor multiplicidad de sensaciones y lo más intensas posibles podría ser un principio fundamental de nuestra utopía.





II. Líneas de expansión

M. –Entremos de lleno en el juego. ¿Cuáles son las líneas de expansión que abre el n-sexualismo? ¿Qué territorio de opciones derrama ante nosotros? ¿Qué dispersión de ejes liberadores podemos imaginar? Éstas son las preguntas que nos guían. Sin buscar agotar las posibilidades del n-sexualismo, intentaremos recorrer algunos de sus impulsos.
Veamos. Desde el n-sexualismo, buscamos la expansión del yo en múltiples experiencias posibles. No su contracción, su repliegue, su envoltura cerrada en una “coherencia” subjetiva y sexual ya dada. Alentamos lo contrario: el despliegue abierto de las sensaciones, el estallido de opciones que crece y nos vincula con el afuera, con los cuerpos y miradas que nos rodean, que nos atraviesan, que nos incendian. Abrir el yo a la exterioridad de las relaciones, a los vínculos móviles, a las conexiones de intensidad con el otro; restar importancia a los abismos de la interioridad, dejar que el mundo del afuera, que el deseo incandescente nos arrase por completo.
Por eso mismo, el n-sexualismo alienta la multiplicidad antes que la unidad. Busca que nuestras experiencias aumenten, que nuestro deseo sea plural, que nuestro placer sea incontable. No le interesa la moral de “la calidad vs. la cantidad”. Está más allá de esto: busca intensidades múltiples, variadas, combinadas, diversas. No se detiene a recoger una unidad, una coherencia en el sujeto. Descarta esta pretensión, y propone en su lugar experiencias multiformes, plurales a descubrir con el otro, sin necesidad de jerarquizar nada dentro de la tormenta eléctrica de relaciones a la que nos entregamos, ni de ordenar coherentemente lo que sentimos. ¡Firulais!
Complementaria de la multiplicidad, es la simultaneidad. Esto es posible porque desde el n-sexualismo no hay intensidades “incompatibles” entre sí. Nos hemos acostumbrado a pensar que ciertos sentimientos deben respetar una serie cronológica para ser correctos moralmente. Por ejemplo, podemos amar (amor de pareja) varias veces y a distintas personas en nuestra vida, pero no al mismo tiempo. (No, al menos, sin vivir un dilema moral, o una desaprobación social.) El eje de la sucesión temporal está permitido, pero no el de la simultaneidad plural. El n-sexualismo propone borrar estas distinciones, restar importancia a esta costumbre cristalizada. En lugar de sentir culpa por la simultaneidad de nuestras pasiones, el n-sexualismo nos alienta a festejar esta capacidad de sentir, pues vuelve más intensa y plena nuestra vida.

E. –¡Eso es, mi estimado M.! Intensidad y plenitud de vivir posibilidades nunca clausuradas. Justamente, el n-sexualismo propone imaginar, en la libertad que provoca la ausencia de categorías cerradas y de divisiones morales cristalizadas, múltiples posibilidades de conexión y de relación. Las opciones que podemos considerar como dadas pierden relevancia a la hora de pensarnos en relación con los demás. La expectativa que se genera ante esta apertura de opciones sale de la lógica de la coherencia y de la homogeneidad. El terreno de las relaciones y de los deseos se torna dinámico, permitiendo mutaciones constantes (y lo mejor de todo: sin culpas).
En este andar dinámico, cualquier fijeza esencial se diluye en un devenir abierto. Ya no buscamos descubrir o aceptar qué somos; se trata, en cambio, de formarnos o construirnos a nosotros mismos en la explosión del choque de los cuerpos, en el juego eléctrico del deseo y el placer de n-relaciones. Las experiencias se abren a un futuro imaginado sin patrones estables. Aquí, las expectativas de identidad sexual no tienen sentido, ya que no hay definición sexual que no sea susceptible de modificarse sin previo aviso, mutando sin necesidad de establecer razones coherentes, sin culpas, sin crucifixiones.
 El n-sexualismo no busca la sensatez moral de las relaciones, ni la racionalidad de una coherencia de identidad sexual. Busca, en cambio,  la multiplicidad y la intensidad de las sensaciones, posibilitando la creación de un “yo sexual” flexible como una arcilla que pudiéramos transformar cada vez que nos venga en ganas.
En fin, desde el n-sexualismo proponemos abrir “mundos”, agrietar estructuras, fragmentarnos en posibilidades, crearnos a nosotros mismos en un desarrollo sin estatismos convencionales, multiplicar sin mesuras nuestro goce, diluirnos en un deseo plural.



Giovanni Lipari


  

III. Su polémica. La apuesta n-sexual

M. –Entramos en la parte final de nuestro recorrido. Nos toca ahora enfrentar una serie de nudos problemáticos, críticos, con los que debe medirse nuestra propuesta. Problemas que son, al mismo tiempo, el reverso de nuestra apuesta, el impulso que nos motiva. Básicamente, el n-sexualismo intenta disolver algunas dificultades y conflictos actuales en torno a nuestra manera de vivir la sexualidad imaginando una alternativa futura donde tales problemas pierden sentido.
Por supuesto, no agotaremos aquí todos los desafíos concretos del n-sexualismo. Nos detendremos tan sólo en tres de sus zonas polémicas, pues creemos que de este modo estaremos cubriendo los problemas y las apuestas más relevantes, más importantes en este momento de surgimiento y eclosión utópica.
 Tendremos, entonces, los siguientes puntos: a) el n-sexualismo en relación a uno mismo; b) el n-sexualismo en la pareja convencional; y c) objeciones globales a la utopía n-sexual.

Victory on the Sea - Jan Saudek

a) Identidad n-sexual

M. –Muchos pueden vivir sin conflicto su identidad sexual. Encajan perfectamente en una categoría estable. Se describen a sí mismos y ante los demás con los términos taxonómicos acostumbrados. Lo han logrado. La propuesta de escapar a una clasificación del deseo, a una cuadriculación de la propia identidad sexual, puede no atraerles. Hay personas, sin embargo, que sí saborearon algunos conflictos al tratar de formarse una identidad sexual fija, estable, normal. Tal vez experimentaron en algún momento una chispa de deseo que desbordaba las categorías acostumbradas. “¿Qué sucede? ¿No seré aquello que pensé que no era? ¿Fue un desliz? ¿Debo olvidarlo? ¿O es la punta del iceberg de mi “verdadero yo”? ¿Qué habrá sucedido en mi pasado, en mi niñez, para tener estas dudas? Si dudo de mi orientación sexual, evidentemente algo anda mal. Debo estar en crisis. ¡Ay! ¿Cómo haré para superar este trance? ¿Debo contarlo? ¿Reprimir mis impulsos? ¿Continuar normal mi vida, secretamente expectante de un chispazo de deseo similar? También dicen que dudar es normal, no debería preocuparme…, etc., etc.”.
Todos estos cuestionamientos, que llegan a veces a profundas angustias por “falta de definición”, no tendrían mucho sentido si no supusieran, como parámetro de normalidad, de ausencia de conflicto, una identidad sexual fija, determinada, definida, circunscripta. “No importa en qué dirección vayas, hijo –nos dice, en el mejor de los casos, nuestra sociedad–, ¡pero que sea una dirección determinada! Escoge lo que quieras, ¡pero escoge de una vez!”. El n-sexualismo no se inquieta por esta falta de definición, al contrario, la festeja: “Hay muchas direcciones posibles: ¡pásala bien!”. Intenta sustituir los conflictos en torno a la “esencia” de nuestra sexualidad: “¿Qué soy, esto o aquello?”, por preguntas n-sexuales del tipo: “¿Cuántas conexiones intensas, placenteras, felices puedo lograr con el otro?”.

E. –En efecto, los problemas “esenciales” (que reenvían a los abismos del yo) pierden sentido y se desvanecen en la irrelevancia. Como las posibilidades se abren a lo múltiple, los  desafíos n-sexuales serán situacionales (problemáticas que reenvían a lo vivido en este momento con el otro). Así, las preguntas que planteará el modo de vida n-sexual serán del siguiente tipo: ¿qué haré en tal situación? ¿Estoy disfrutando esto? ¿El otro querrá profundizar conmigo? ¿Me siento cómodo así?
La identidad n-sexual es una identidad mutante. Pero no porque nos exija cambiar a cada momento, sino porque es una identidad susceptible de tomar cualquier dirección sin la obligación de justificarse. Una identidad flexible que decide en situación, de acuerdo a sus propios límites y sus deseos.  El momento vivido será el rector de la decisión n-sexual. El límite que antes establecía mi coherencia sexual desaparece entre los pliegues de un abanico de posibilidades siempre abiertas.  

Sandra Torralba

b) Amor libre

M. –El desafío más grande que enfrenta nuestra utopía es que el n-sexualismo se libere en el corazón de la pareja convencional [1]. Que nuestro amor, aun estando en pareja, sea n-sexual. “¿Es posible una pareja de este tipo? ¿Sería realmente amor? ¿Y qué hay de la fidelidad?”. Interesantes preguntas, que esperamos que algún día pierdan sentido. Pero por ahora, dialoguemos con ellas.

E. –Me parece muy bien que empecemos de una vez por todas con estos puntos tan polémicos y tan jugosos. Veamos, en principio, ese último que nombraste: la fidelidad. La fidelidad siempre es un tema actual, y una noción que está redefiniéndose continuamente. De todos modos, intentaremos ver algunas constantes que permanecen en su definición y que nos complican a la hora de entendernos en relación al amor.
Una constante que funciona como principio básico de la fidelidad es la exclusividad. Ser fiel es ser exclusivo de otro en el momento de hacer explícitos nuestros deseos. En general, se lo entiende como principio implícito del contrato de pareja. No hace falta decirlo. Es un elemento que funciona a priori al momento de establecer una relación “amorosa”. Sólo se explicita, justamente, cuando sucede lo contrario; es decir, cuando una pareja establece una relación que normalmente llamamos “liberal”, y que también normalmente no deja de producir una sensación de extrañeza. Así, una relación que no contemple la exclusividad, es entendida como algo que no se toma “en serio”, y que por lo tanto queda fuera del campo del amor. Tener una relación liberal con alguien significa que una de las partes implicadas no ama “verdaderamente”.
Así las cosas, cualquier deseo por un tercero es signo de peligro. Desear a alguien más es: o no amar verdaderamente a nuestra pareja o ya estar engañándola. Por supuesto, el engaño se produce cuando ese deseo es concretamente liberado sin el consentimiento de la otra parte implicada en el contrato amoroso. No engañar, o sea ser fiel, es reprimir el deseo, esconderlo, nunca conducirlo hacia fuera con otro. De este modo, al cercar el deseo en nosotros mismos generamos una experiencia conflictiva. “Deseo otros, pero no quiero engañar, pero sí amo…”
Desde nuestra utopía proponemos sustituir la pareja fidelidad/exclusividad, por la de incondicionalidad/intensidad. Ser incondicional con alguien no implica exclusividad de deseo. Incondicionalidad apunta más bien a aumentar la intensidad con la que amo, con la que experimento, con la que deseo; pero no siendo exclusivo a alguien. De este modo, la libertad de deseo y de experimentación con otros ya no se viviría como un engaño o como un conflicto.

M. –Creo que has dado en el nervio del asunto. En efecto, la fidelidad está fuertemente unida a la noción de pareja donde ambos se respetan y aman mutuamente. Es, en la práctica, el pilar de la confianza mutua. “Soy fiel porque amo”. ¡Qué bello! Sin embargo, ¿qué quiere decir esto? ¿Que uno concentra el deseo tan sólo en su pareja y por tanto los demás no importan (pasional o eléctricamente)? En ese caso, diríamos: “Soy indiferente al resto, porque te amo”. Sería más comprensible, y más triste también. Pero percibimos que no es esta la idea: no se trata de ser indiferente al resto, sino de sólo desear (legítimamente) a la pareja. De que el deseo por los demás sea correctamente controlado, limitado, y en el extremo ideal, eliminado, amputado. “Entre todas, te elijo”. ¡Lindísima frase! Unimos al mismo tiempo el amor hacia una persona, y el sacrificio del deseo por otras personas. Creo que el problema de la “fidelidad” es que se nos presenta como un término que parece implicar afectos y acciones positivas, constitutivas del amor, mientras que en la práctica no es más que una noción perfectamente negativa, limitadora del deseo: ser fiel significa exclusividad del deseo para con nuestra pareja. De aquí en más brotan alegremente los problemas morales: “¡Ay! Deseo (¡incluso creo que amo!) a otras personas. ¿Algo estará fallando en nuestro amor? ¿Qué debería hacer, reprimir, vivir lo que siento, engañar, elegir el verdadero amor, destruir la pareja? Ah!”. Pobre y conocido amigo. Desde el n-sexualismo esta tortura es innecesaria. Podemos amar simultáneamente a múltiples personas, si nuestro corazón lo resiste. Ya no se trata de “culpas” privadas, sino de flujos de intensidades a vivir con el otro.
“Sin embargo –se nos podrá decir–, algo está mal. No estamos respetando a nuestra pareja si amamos al mismo tiempo a otras personas; si tenemos, incluso, otras parejas!” Esta objeción sólo tiene sentido por haber asociado tan fuertemente “fidelidad” con “exclusividad”. Si dejáramos atrás este último término, la fidelidad no crearía los problemas que actualmente crea, y el respeto no tendría que ver tanto con “no traspasar las prohibiciones acordadas tácitamente”, sino con valorar la libertad de deseo y de relaciones de la persona que amamos.
En fin, si como se propuso más arriba, sustituimos el par fidelidad/exclusividad por  el de incondicionalidad/intensidad, habremos pasado de la “pareja-contrato” tradicional (cuya exigencia de “confianza” y “respeto” sólo tiene sentido por la red de prohibiciones implícitas en la que se sustenta), a la pareja n-sexual, donde se festeja el amor libre e incondicional; donde se busca y se disfruta al máximo generar intensidades especiales, pasiones eléctricas, vínculos de fuego, vidas centelleantes, amores que nos lleven al límite. Pero donde poco sentido tiene hablar de “exclusividad” en las pasiones. 


c) Objeciones globales al n-sexualismo

M. –Como muchas utopías que imaginan una alternativa posible a ciertos problemas o limitaciones actuales, también nuestra propuesta n-sexual ha recibido la desconfianza generosa del escéptico y la crítica despiadada del moralista. No nos parece mal ser escépticos ni preocuparse por las normas morales con las que vivimos. Eso mismo nos llevó a imaginar una utopía, una apuesta a futuro. Lo que nos interesa ahora, es defendernos de ciertas críticas generales, ciertas objeciones globales que se han alzado        –desde la corteza de la doxa– contra el n-sexualismo.  

E. –Para comenzar hablemos de aquellas críticas morales que tildan al n-sexualismo de “machista” o de “cínico”. Por un lado, se nos dice que el n-sexualismo reduce las personas a objetos sexuales. Creemos que nuestra propuesta se encuentra muy alejada de considerar a los demás (mujeres, hombres, n) como objetos sexuales en torno a nuestro deseo egoísta y tirano. Muy al contrario, el n-sexualismo propone ver a los otros como sujetos sexuales en pie de igualdad: libres, y seduciéndonos mutuamente, ¡hacia el festín! Se trata de  intentar ver al otro como un sujeto sexual con el cual relacionarse, pero sin clasificaciones previas, sin relaciones predeterminadas. Un sujeto con el cual mi relación de deseo se encuentra abierta a una multiplicidad de opciones sin clausuras.
Por otro lado, se cree que el n-sexualismo es una alternativa en la que “únicamente importa el sexo”, una visión reductora que considera que “en la vida todo es sexo”. Respecto a esto pensamos, al contrario, que “en el sexo, todo es vida”. Es decir, sin pretender reducir toda la vida a una dimensión, en este caso la sexual, intentamos expandir al máximo una de las dimensiones de la vida. Es simplemente eso: una dimensión entre otras. El n-sexualismo intenta liberar ese aspecto para expandir el propio yo en una de sus dimensiones, para abrir el mundo, para repensarse de manera fresca y liberadora, pero lejos, muy lejos, de considerar que es la única dimensión o de intentar jerarquizarla como la más importante de todas.
Así, el n-sexualismo ni considera a las personas como objetos sexuales (por el contrario, las reconoce en tanto sujetos sexuales), ni reduce el mundo a un solo aspecto (inversamente, abre este aspecto al mundo).

M. –Por otra parte, están las críticas basadas en la desconfianza general hacia la posibilidad de una utopía n-sexual. “¿Es verdaderamente factible?”, se nos dice. Tenemos dos formas de contestar a esta pregunta. Podemos preguntarnos si el n-sexualismo es realmente tan inconcebible en la práctica, o si, por el contrario, poseemos ya, a nuestro alcance, formas de vida muy parecidas a la que proponemos. Por otro lado, podemos rechazar el supuesto implícito que late en la crítica: el n-sexualismo como algo que se impondría de un día para otro y a todo el mundo. Responderemos utilizando ambas estrategias.
Para empezar, ¿es el n-sexualismo algo tan irrealizable como forma de vida? ¿Tan complicado y difícil resultaría en la práctica? Creemos que no, por la sencilla razón de que ya existe un paradigma de relaciones humanas que es similar, en muchos aspectos, a la propuesta que imagina el n-sexualismo. “¿Cómo? ¿Una práctica actual que resulta análoga a la utopía n-sexual?”. Pues sí, y esa forma de relacionarnos, al alcance de la mano, es la amistad. En efecto, desde la amistad se alienta la multiplicidad y la expansión de relaciones, se festeja la incorporación de nuevos amigos a nuestra red de afectos. No hay escándalo por la simultaneidad, al contrario, se considera que es positivo tener más de un amigo, pues cada uno enriquece nuestra vida de manera diferente y valiosa. También se considera positivo que todas nuestras amistades sean lo más intensas posibles, viendo como una virtud y no como un defecto, el que lleguemos a amar a todos nuestros amigos. La exclusividad aquí no tiene sentido: amar a un amigo no implica no amar a otro, o no respetarlo en la amistad. Tampoco necesita jerarquizar moralmente las relaciones, poniendo una amistad por encima de las otras. Puede hacerlo, pero eso dependerá de la conexión especial de intensidades que viva concretamente esa relación, no de una elección moral en nombre de la “verdadera amistad”, que sacrifica vivir ese mismo tipo de conexión con otras amistades. En fin! Las similitudes pueden seguir multiplicándose alegremente. Los valores e ideales n-sexuales, en gran parte, están esparcidos en nuestra manera de vivir la amistad. No creemos, por tanto, que sea tan imposible llevar a la práctica el n-sexualismo, que simplemente agrega la dimensión eléctrica de las intensidades sexuales.
Por otro lado, tenemos la objeción implícita de que el n-sexualismo sería irrealizable en  tanto propuesta que se impone de una vez y para todos. Sin embargo, ni la radicalidad inmediata del cambio, ni la universalidad de su aceptación, son pretensiones que persigue el n-sexualismo. Creemos que no se trata de un “todo o nada” en el corazón de las costumbres, sino de cambios graduales, liberaciones progresivas, según ritmos personales, de pareja y hasta grupales, por qué no. No hay, en este sentido, “líneas a seguir” predeter-minadas, ni “orden” n-sexual que reproducir. Simplemente proponemos flexibilidad en la manera de concebir y vivir nuestras relaciones –con nosotros mismos y con los demás–, a fin de aumentar el placer y la felicidad de los que somos capaces.



Martín Guerrero
Emiliano Baigorri Theyler

Artículo publicado originalmente en la revista universitaria El árbol de Jítara, N°2, 2008. 
Luego, fue publicado digitalmente en Revista Caja Muda, N°4, 2012.  



[1] Con “pareja convencional” no nos queremos limitar a la noción de pareja heterosexual, sino abarcar el acuerdo más general que entiende la relación paradigmática de amor como una relación que es, esencialmente, de a dos. “¡Mi media naranja!”

domingo, 16 de marzo de 2014

Pasto de Urón

I
En las breves colinas de Íoe
mientras, las olas
de lava se sacuden
y el viento arrastra el vapor
hacia el exterior
una de sus novias
rueda pendiente abajo
para incendiarse
en el instante

Safari mira con nostalgia
el reguero de sangre blanca y
felpuda que ella ha ido dejando
como huellas de la calamidad
insignificante de una vida
y sólo
puede pensar
en los pastos de Urón

VI
Escribe Tanco:
para esquivar
una gran ola
de basura espacial
descendemos en Kritón
a tomar algo fresco

Safari trepa
su lengua afuera
un géiser de nitrógeno
No quiere perderse
la vista excepcional
de la lluvia de diamantes
de Noptenu


(De una serie que se llama Pasto de Urón)

martes, 21 de agosto de 2012

Citas con Paul Auster


Retrato de un hombre…
O citas con la muerte de un padre


 Foto: Soledad Girardo

Paul Auster. La invención de la soledad

Página 11:
“Podemos aceptar con resignación la muerte que sobreviene después de una larga enfermedad, e incluso la accidental podemos achacarla al destino; pero cuando un hombre muere sin causa aparente, cuando un hombre muere simplemente porque es hombre, nos acerca tanto a la frontera entre la vida y la muerte que no sabemos de qué lado nos encontramos. La vida se convierte en muerte, y es como si la muerte hubiese sido dueña de la vida durante toda su existencia”

Página 12:

“Muerte sin previo aviso, o sea, la vida que se detiene y puede detenerse en cualquier momento”

Auster dice que tiene “la certeza de que mi padre se había marchado sin dejar ningún rastro”. Un hombre invisible que transitaba el mundo encontrándose siempre en otro lado. La sospecha de que el hombre que había en él existía en segundo plano, oculto detrás del torrente de manías, superficialidades y hábitos.

Sobre mi padre: nada más distinto y nada más parecido.

Retrato del hombre visible:
Absolutamente visible. Siempre allí, en el instante, imposible de no ver. Y agregar: su visibilidad no provenía de la imposición terrorífica. No era una visibilidad producto de una personalidad impostora, que gritara su presencia por miedo a no ser visto y escuchado. No hubo jamás violencia en su visibilidad.
Retrato del hombre invisible:
Al mismo tiempo, siempre pareciendo estar más allá, en otro plano. Su presencia invocaba un mundo de alegría y aceptación que se resiste a mostrárseme sin él.


El libro de la memoria
Página 113:
Pinocho

“¿Es verdad que uno debe sumergirse en las profundidades del mar y salvar a su padre para convertirse en un niño real?”

Añadidos a los comentarios “Sobre la naturaleza de la casualidad”

El libro de la memoria, volumen cinco. Página 143.

Primer añadido:

“Dos meses después de la muerte de su padre (enero de 1979), el matrimonio de A. se vino abajo. Los problemas habían estado latentes durante algún tiempo hasta que por fin tomaron la decisión de separarse. Pero una cosa fue aceptar esa ruptura, sentir dolor por ella a pesar de comprender que era inevitable, y otra muy distinta resignarse a sus consecuencias: la separación de su hijo. Sólo pensarlo resultaba intolerable”.

Añadido:

E. leía La invención de la soledad de Auster. Rescribía lentamente el párrafo de la página 143 reacomodándolo a su situación:
Cuatro meses después de la muerte de su padre (abril de 2011), la relación de E. con su novia se vino abajo. Algunos problemas habían estado latentes largo tiempo y otros eran evidentes desde hacía unos meses. Entonces E. escapó abandonando a su mujer y todo lo que juntos habían construido. Aceptar esa ruptura, sentir dolor por ella a pesar de comprender que era inevitable, sumado al dolor de la muerte de su padre y el esfuerzo de recomenzar su vida, fueron devastadores.


Segundo añadido a los comentarios sobre la naturaleza de la casualidad:

En la página 144 Auster comenta la desaparición de un niño del barrio donde ahora vive solo y espera los fines de semana para reencontrarse con su hijo. El nombre del niño es Etan Patz. A. describe cómo el caso adquiere dominio público en los medios locales.
En septiembre de 2011 mientras E. lee el libro de Auster, los medios de comunicación argentinos se ocupan casi con exclusividad de la misteriosa desaparición de una niña de once años: Candela Rodríguez.
A. narra (1979) que nada se sabe del destino del niño. Podría estar muerto, secuestrado, asesinado, etc. La única certeza, dice A., parece ser la desaparición de Etan.
E. (2011) ve en la espectacularidad mediática de los noticieros la aparición del cuerpo sin vida de Candela. La única certeza parece ser es que Candela fue asesinada. ¿Narcotráfico, red de trata, pedofilia, venganza?

Tercer añadido a los comentarios sobre la naturaleza de la casualidad:

E. recuerda a su abuelo materno (hoy vivo con 84 años) hacer un juego muy similar al que hacía el abuelo de A. llamado el hechicero, descripto en la página 171. El abuelo de A. hacía este truco de “adivinación” en complicidad con un amigo, vía teléfono. El objeto a adivinar era un naipe o carta. El abuelo de E. realizaba un juego parecido que llamaba el lector de mentes. En éste también había un cómplice sólo que presente en la reunión y no se trataba de naipes, sino de algún objeto cotidiano, digamos, por ejemplo, una lámpara, un mantel, un cenicero, etc. La persona que elegía el objeto se lo decía en secreto al cómplice, la mente a leer, y éste se lo daba a entender al abuelo de E., el adivinador, mediante un orden prefijado. El acuerdo era, por ejemplo, que el objeto elegido sería dicho en cuarto lugar, o que sería dicho siempre detrás de tal otro objeto clave.


Cuarto añadido a los comentarios sobre la naturaleza de la casualidad:

Páginas 179-180. En relación a la profetización de un día extraordinario en la adolescencia de A.
E. recuerda un día, cuando tenía entre 15 y 16 años, en que se le ocurrió al llegar al colegio la idea de despertar la curiosidad de sus compañeros con una falsa profecía. Fue una idea espontánea que se ubica entre un experimento social y un entretenimiento para matar el aburrimiento de las repetidas horas escolares. Se trataba de crear expectativa y ver que ocurría: ese día, ese mismo día, antes de finalizar la tarde, algo maravilloso iba a suceder, ya lo verían. Ante su propia incredulidad, funcionó. Muchos de sus compañeros y compañeras estaban ansiosos esperando la maravilla y acosándolo con preguntas para aclarar el misterio. E. se mantuvo en silencio y repitió: antes de finalizar la tarde algo maravilloso va a ocurrir, si anuncio qué le quitaré parte de la sorpresa. Lamentablemente, nada ocurrió, salvo la tensión misma creada por la expectativa: la autorrealización de la profecía, piensa E., y añade: la paradoja de toda profecía. (“Jonás y también el cuento de la vieja y el pueblo en el que algo terrible va a suceder”).
Al igual que A., E. aún recuerda con sorpresa aquel día. Para ambos fue un descubrimiento. Cada uno arriba, claro está, a conclusiones levemente diferentes. Para E. fue: la paradojal fuerza de la predicción, la manipulación de otros a través de la creación de expectativas, y la propia autocreación desde el pasaje hacia el futuro. Sin embrago, piensa E., un párrafo de la página 180 podría aplicarse a sí mismo tal cual está:

“Descubrió que también el futuro temerario, el misterio de lo que aún no ha ocurrido podía guardarse en la memoria. Y a veces tiene la sensación de que lo verdaderamente extraordinario era la ciega profecía adolescente de veinte años antes (diez años para E.), el mismo presagio de lo extraordinario; su mente arrojándose feliz hacia lo desconocido. Lo cierto es que han pasado muchos años y todavía hoy, a finales de noviembre (comienzos de septiembre), se sorprende recordando aquel día”.



En relación al tema de la memoria y la escritura.

Página 198:

“La pluma nunca se moverá con la prisa suficiente como para reproducir cada palabra descubierta en el ámbito de la memoria. Algunas cosas se pierden para siempre, otras quizá vuelvan a recordarse, y otras más se encuentran y se pierden una y otra vez. Es imposible estar seguro de nada.”

La escritura, la notación de lo vivido, de lo visto y sentido (sentimientos, sensaciones y significados), es un intento por contener esa imposibilidad. Un registro que caducará en su primer objetivo (la certeza del pasado) para convertirse, luego, en algo más.

Página 201:

“En ese momento la ecuación se volvió clara: el acto de escribir como un acto de la memoria”

Para que algo ocurra otra vez, primero hay que recordarlo. (¿La paradoja del karma?)


Página 235:

“El lenguaje escrito nos libera de la necesidad de recordar demasiadas cosas, pues los recuerdos se almacenan en forma de palabras.”

Mi memoria se activa después de los últimos cinco años vividos, al menos. Superado ese lapso lo admito como pasado. Pero esos últimos cinco o seis años son parte de mi presente; en ellos se encuentra la causa de mis sentimientos por más inmediatos que aparenten ser, y se resisten a ser reconstruidos en un acto de memoria. O decir: siguen sucediendo.


Sobre el deambular y Freud:

Página 210:
“Estamos perdidos en ese mundo de forma inevitable y ni siquiera podemos aspirar a encontrar nuestro camino dentro de él.”
Y 211:
“El desarraigo por lo tanto como la nostalgia de otro hogar, un espacio del espíritu mucho más primitivo”

Página 219:
“Para encontrarse, primero necesita ausentarse, y por eso dice A. (E.) cuando en realidad quisiera decir “Yo”, pues la historia del recuerdo es la historia de lo que se ha visto. La voz, por lo tanto, continúa.”



Poesía

Página 244:
“El cielo es azul, negro, gris y amarillo. El cielo no está allí y es rojo. Todo esto ocurrió ayer, todo esto ocurrió hace 100 años. El cielo es blanco, huele a tierra y no está allí. El cielo es blanco como la tierra y huele a ayer. Todo esto ocurrió mañana, todo esto ocurrió dentro de 100 años. El cielo es color limón, rosa y lavanda. El cielo es la tierra. El cielo es blanco y no está allí”

Narración.
Melancolía de lo que todavía no sucedió
Como si el mundo lo acompañara, el fin del viaje de E. a ciudad R. termina en un día lluvioso. Las últimas palabras del libro de Paul Auster reverberan, arremolinándose y rebotando, en las flexibles cavidades de su interior. Todo es triste pero hermoso. Es imposible estar seguro de nada. Todo ocurrió ayer y todo esto, sin embargo, ocurrirá mañana.

Página 244: “Fue. Nunca volverá a ser. Recuérdalo.”


Todas las citas provienen de: Paul Auster. La invención de la soledad Ed. Compactos de Anagrama, 2002. Traducción de María Eugenia Ciocchini


jueves, 3 de mayo de 2012

Crónicas del Futuro

Terrorismo feminista: una deuda pendiente en el desarrollo de la historia


Pues hasta ese momento el único lenguaje disponible será el del opresor, y casi todos los opresores han tenido siempre la astucia de enseñarles a los oprimidos un lenguaje en el que el discurso de estos suene insensato – incluso para ellos mismos- si con él se describen en tanto que oprimidos.
Richard Rorty, Feminismo y pragmatismo

En un futuro no muy lejano las Mujeres se harán con el poder en todo el mundo. Los hombres, por el contrario, serán retirados de los puestos de prestigio y autoridad arrastrando consigo todo el aparato simbólico masculino dominante. Luego de la imposición violenta de la Revolución Femenina, la preponderancia del Falo, esa herramienta rebosante de sentido, será ahuecada por los instrumentos de la historiografía y literatura feminista: una etapa en el proceso del desarrollo de la especie; una era oscura e insensata, comparable a lo que significó la Edad Media para las gentes del siglo XX.

…

En este Nuevo Mundo las Mujeres dominan con exclusividad los ámbitos del saber y la información, la ciencia y el arte, los mass media y las religiones, y todos los organismos de control. En el principio invierten y desarrollan con empeño tecnologías y métodos para someter al hombre al punto de convertirlo en objeto. Les “enseñan” fidelidad y  lealtad a través del terror y el hostigamiento. El “control de esperma”, la “subyugación psicológica” y los “interrogatorios sentimentales” son los métodos favoritos y más efectivos.
Pasado el tiempo ya nada de eso hace falta puesto que los hombres son vistos, sobre todo por ellos mismos, como simples bestias de carga. Los obreros necesarios pero idiotas del nuevo orden social. Sin embargo las Mujeres seguirán aplicando esos métodos por largos decenios como parte del programa revolucionario inicial: grabar a través de la humillación y el dominio de varias generaciones sucesivas, no sólo en las mentes sino también en los genes de los hombres, su lugar “natural” en el mundo. Una dulce y larga venganza.

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Ley 31aX: “Toda práctica sexual masculina queda terminantemente prohibida en tanto surja de una decisión masculina. Un hombre sólo tendrá derecho al placer sexual en tanto una Mujer lo decida así y sea necesario para sus propios fines y fantasías sexuales”

Ley 43cD: “Si un sujeto masculino es causa de disputa porque dos o más Mujeres lo requieran para sus propios fines y no haya acuerdo posible entre las partes se le extraerá muestras de ADN para clonación duplicada y se pasará a la extinción del sujeto”
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Por supuesto la presión del sistema produce rebeldías cada cierto tiempo. Pero no alcanzan a representar resistencia considerable. Los únicos hombres libres reconstruyen comunidades alejadas de los centros urbanos, en lugares donde la naturaleza pervive dificultosa y obliga a una vida dura y aislada. Estos grupos rebeldes, homosexuales por necesidad, no tienen ni tecnologías ni mujeres para reproducirse, por lo tanto se debilitan rápidamente. Además las continuas persecuciones de los ejércitos de los gobiernos femeninos los obligan a desmembrarse y trasladarse continuamente.

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En este panorama los hombres tienen tres opciones: la vida sometida al servicio de las necesidades femeninas; el ostracismo a regiones desoladas donde habitan los pequeños focos rebeldes; finalmente, convertirse en pseudomujeres (antiguos trasvestis) para conseguir algo de poder y moverse con algo de libertad: Conversión Declarada. Esta última opción comienza a extenderse con rapidez alrededor del globo; luego se establecen como una nueva subjetividad que gana poder. Las primeras Conversiones, sin embargo, trajeron polémicas y la opinión pública se abatió sobre ellos. Las Mujeres saben que siguen poseyendo los defectos del hombre, convertidos por intereses mezquinos. Los últimos hombres patriarcales los desprecian por débiles y traidores.
Con todo, el nuevo mapa geopolítico mundial se ve claramente determinado en función de las posiciones que toman los gobiernos femeninos ante los conversos: a- radicales feministas, mínima participación de conversos en las cámaras y funciones públicas; b- gobiernos intermedios, tolerantes a los conversos en ascenso; c- estados mixtos, minorías en el mundo, que permiten altos números de conversos en puestos de poder. Paradójicamente, en apariencia, estos gobiernos son los que dictan y aplican las leyes más crueles en contra de los hombres no convertidos. Un dato curioso, pero que se entiende lógicamente a la luz del pasado histórico, sobre los estados mixtos es que son en su mayoría los de larga tradición islámica. Los análisis feministas apuntan que se trata de la Justicia Histórica en Manos de las Mujeres: esas Mujeres tan profundamente oprimidas, en países que fueron los últimos en caer en los inicios de la Revolución Femenina,  ven ahora (revancha histórica) a sus hombres convertirse (los estados mixtos tiene los mayores índices de conversión) y defender las causas feministas con más crueldad y desesperación que la mayoría de las Mujeres.  Así, en las zonas donde las tensiones y resistencias han sido más fuertes, se da inesperadamente el Dominio más Eficaz de las conciencias fálicas.  


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Declaratoria Nº 23 de la Revolución Femenina

El Nuevo Gobierno no busca la destrucción del elemento primitivo masculino tal como imaginó el fanático macho Jerry Sohl.  Las Mujeres, ahora en el Dominio, necesitamos los elementos masculinos para multiplicidad de propósitos: son nuestras bestias de cargas, nuestros obreros industriales, nuestros esclavos antiguos, nuestros aparatos de diversión.  Mujeres: no practiquemos la soberbia tan común a la especie del macho, mas tengámoslo en cuenta: nuestro Dominio es Completo. Sin destruir la masculinidad, sino que transformándola para nuestros fines, anulamos el poderío del macho.

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A pesar de que las Mujeres dedican largas horas de trabajo a criticar a sus compañeras y las luchas por los puestos de poder demuestran ser más ingeniosas y feroces que nunca en la historia (sin embargo la violencia física prácticamente desaparece; la lucha por el poder es de orden puramente estratégico y seductor), el mundo se vuelve plenamente Eficiente. Las guerras se acaban. Las grandes hambrunas son sólo recuerdos. La ciencia, la salud y las tecnologías avanzan sustentablemente. La vejez escala en prestigio. Las religiones caducan como órganos de poder considerables.

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Los ámbitos educacional y familiar son los que más se ven trastocados con la Nueva Organización Social.
Por el lado de la educación, las Mujeres y los hombres en sus primeras edades son instruidos en dos tipos de instituciones de educación comunal. Las niñas asisten a las llamadas Casas de la Emancipación a cargo de docentes femeninas exclusivamente. En estas casas las Mujeres son instruidas en ingenierías, en materias científicas, económicas y militares. También reciben educación en derecho, letras, estudios culturales (ya no hay más filosofía, territorio fértil para los machos absolutistas), historia y artes.  Luego las Mujeres se especializan en las Universidades Femeninas. Los hombres, en cambio, concurren a las Preparatorias del Trabajo donde aprenden todo tipo de oficios básicos para el sostenimiento social. Los docentes de las preparatorias son en su mayoría hombres, pero los cargos directivos son exclusividad femenina. Los planes de estudio son dictados por el Ministerio de Educación en concordancia con el Ministerio de Desarrollo y  Trabajo.
Por su parte, la familia desaparece tal cual se la conocía. Las hijas e hijos se crían, imitando el modelo matriarcal nepalense, en las casas de la línea familiar femenina. Los hombres no tienen derechos sobre su descendencia, y de hecho no se les informa si la poseen o no. A las niñas les toca en suerte continuar en sus respectivas casas familiares hasta que ellas mismas decidan o no comenzar su propia línea familiar. Los niños viven en las casas familiares hasta la edad de seis años, luego se los envía a las Preparatorias del Trabajo. Finalizados sus estudios derivan a los edificios masculinos, donde pasan a convivir con los hombres adultos y se incorporan a los puestos de trabajo que los Ministerios Femeninos les designen.
La tierra gira ordenadamente. Los hombres en su mayoría son felices sin grandes responsabilidades. El espíritu de sacrificio típicamente femenino permite a las Mujeres continuar la evolución del mundo en paz.   



martes, 23 de agosto de 2011

Thomas Pynchon / V. (parte V)

IX

Profane-Rachel I

Profane:
“Todo lo que schlemil puede hacer es recibir. Recibir lo que quieran echar encima las palomas del parque, o lo que quiera dar una chica encontrada en cualquier calle, lo malo y lo bueno, un schlemil como yo recibe y nunca devuelve nada” (Pág. 388)

Profane-Rachel II

Rachel:
“Te aterroriza el amor, y todo lo que sea otra persona que no seas vos. Mientras no tengas que dar nada, que sujetarte a nada, muy bien: podés hablar del amor. Las cosas de las que hay que hablar no son reales. No es más que una manera de elevarte. Y de mirar hacia abajo a quien trate de abrirse paso hacia vos, como me ocurre a mí” (Pág. 402)


X

Tierra sin viento

“Pero el mismo Stencil, que cuando se le preguntaba parecía cada día menos al tanto de lo que ocurría en el resto del mundo, reforzó la creciente teoría de Maijstral de que V. era al fin y al cabo una obsesión. Y que una obsesión semejante es un invernadero: temperatura constante, sin viento, exceso de caprichos multicolores, de brotes desnaturalizados”. (Pág. 472)

martes, 2 de agosto de 2011

Thomas Pynchon / V. (parte IV)

VII

La confesión del poeta maltés Fausto Maijstral

“Podemos justificar cualquier apología simplemente llamando a la vida rechazo sucesivo de personalidades. Ninguna apología es otra cosa que una novela –una semificción- en la que todas las identidades sucesivas adoptadas y rechazadas por el escritor como función del tiempo lineal, se tratan como personajes independientes. El propio hecho de escribir constituye otro rechazo, otro “personaje” añadido al pasado. Vendemos efectivamente el alma: entregándola a la historia en pequeños plazos. No es tanto para pagar unos ojos lo suficientemente claros como para ver más allá de la ficción de la continuidad, la ficción de la causa y el efecto, la ficción de una historia humanizada dotada de “razón”” (Pág. 325).

Más tarde en el relato, pero antes en la historia, Fausto dirá en conversación con Dnubieta (el poeta ingeniero) y dos prostitutas (bajo el asedio de las bombas de los ME-109 alemanes):

“Es que Dios y yo tenemos un acuerdo. Él olvidará que yo no he acudido a su llamada si dejo de hacer preguntas. Si me limito a sobrevivir” (Pág. 345).


Deja de hacer preguntas
y cuando vuelvas el rostro
estarás en la carrera,
lejos del comienzo
y lejos de la meta
Encarna tu fe

ENCARNA TU FE



VIII

Repubblika ta´Malta I
Dulce hogar

Malta del griego μέλι (meli): miel, o del fenicio maleth: refugio.

Malta es un sitio estratégico de sucesivas e históricas disputas. El país más denso, demográficamente hablando, de la Unión Europea. Insular, compuesto por un archipiélago, ubicado en el centro del Mar Mediterráneo.

Repubblika ta´Malta II

“Todos nuestros niños han tenido tan sólo un padre, la guerra; y una madre, Malta, sus mujeres” (Pág. 342).

The War, is a he or is a she?
   And the Moon, and the Earth
   the Winds?

Hekk ikun

                  El Gregal


Repubblika ta´Malta III

La Valetta

El cura Avalanche y Stencil (Pág. 473)
Los caballeros cruzados de Malta recorren La Valetta luego de la puesta del sol. ¿Qué buscan?

Paranoia de V.

Stencil-Stencil
“Los acontecimientos parecen estar ordenados dentro de una lógica ominosa” (Pág. 474)


Sucesiones

El Patriarca de Constantinopla, padre de la iglesia ortodoxa, es considerado sucesor de Andrés el Apóstol, tal como el Papa católico es considerado sucesor de su hermano Simón Pedro, y el Papa Copto sucesor de Marcos el Evangelista.


Mensaje

Antes del fin iré a buscarte y sabrás que nunca partí, sino que me encontraba oculto, en subrepticia complicidad con el mar y sus rocas.  

sábado, 16 de julio de 2011

Thomas Pynchon / V. (parte III)

V

Stencil, el buscador de viento I

Desde la aparición de Stencil (en el ejercicio de su técnica denominada “vigorosa dislocación de la personalidad”) aparecen los vientos, sobre todo los de baja temperatura. En Alejandría, en los alrededores de la plaza Mohammed Alí, un viento mudo (insonoro) empuja el frío del desierto libio a través de la calle (rue) Ibrahim hacia el resto de la ciudad. Luego, en Nueva York el viento del helado febrero corre por la Tercera Avenida barriendo las veredas del V-Note, acarreando hacia el centro de la ciudad su polvo y mugre. Los vagabundos, en consecuencia, se aprietan uno contra otro mientras aguardan la salida de los universitarios. En nuestras ciudades ¿qué calles tomarán los vientos, por dónde se encañonarán, hacia qué esquinas se dirigirán con celo, en qué rincones se anudarán?  De seguro, en los días de semana, se les da por juguetear en los estadios de fútbol. 


Stencil, el buscador de viento II


“Lo que son para el libertino unos muslos abiertos, lo que es el vuelo de los pájaros migratorios para el ornitólogo, lo que es el filo cortante de su herramienta para el mecánico de serie, lo que son los aplausos para el rock star, eso es para el joven Stencil la letra V.” (pág. 65)

En la persecución de V. hay varias constantes: algún nombre que cargue su inicial (coherentemente femenino, tanto si se refiere a un lugar o a una persona); algún contertulio de diversos europeos en algún país exterior (la conspiración, la amistad, el odio y la tensión sexual); y los vientos (surcando los paisajes de los pasajes –jujuju qué sonoridad!- para ir y envolver, formando parte de su composición, alguna figura siniestra o una ciudad entera).



Stencil, el buscador de viento III

Stencil-Profane

“Habían salido por la calle Catorce y caminaban en dirección este. Cada vez pasaban alrededor más vagabundos conforme se acercaban a la Tercera Avenida. Algunas noches la calle Catorce es la calle más ancha y con el viento más increíble de la tierra” (Pág. 405)


VI

Profane el teórico
Materialismo sexual o sexualismo dialéctico

“Si hubiera sido ese tipo de individuos que desarrollan teorías de la historia para su propia distracción, podría haber dicho que todos los acontecimientos políticos –las guerras, los gobiernos y las revueltas- tienen origen en el deseo de acostarse; porque la historia se desenvuelve de acuerdo con las fuerzas económicas, y la única razón por la que cualquiera desea hacerse rico es para poder acostarse con quien quiera y siempre que quiera” (pág. 228)

domingo, 3 de julio de 2011

Thomas Pynchon / V. (parte II)

III


Schoenmaker I

La cirugía plástica y sus esperanzas:

“Al otro lado de la sala, leyendo un ejemplar del Reader´s Digest, se sentaba un señor de edad con traje de gabardina verde musgo, que tenía tres ventanas en la nariz, carecía de labio superior y dejaba asomar un muestrario de dientes de distinto tamaño que se empujaban y apelotonaban como las lápidas de un osario en tierra de tornados” (página 109)

Schoenmaker II

El cirujano plástico del joven Godolphin

En el capítulo 2, parte 2 (pág. 103-108), la narración nos ofrece la historia del doctor Schoenmaker desde sus diecisiete años cuando logra escapar de la primera guerra. Desde ahí se inició como mecánico en tierra de aviones de guerra. Su “primera profesión”. Leemos: “Desde aquellos días, como sabemos, la democracia ha hecho sus incursiones y aquellas rudimentarias máquinas voladoras se han convertido en “weapon systems”, en sistemas de una complejidad nunca soñada que coordinan todos los servicios para que un arma cumpla a la perfección su cometido, con lo que el encargado de mantenimiento tiene que ser hoy en día tan miembro de la nobleza profesional como la dotación de vuelo que presta su apoyo”. Sin embargo, se supone que si bien el doctor no tenía los conocimientos especializados que “hoy” se requieren en ese tipo de trabajos, Schoenmaker sabe de mecánica. “Le llevó diez años trabajando en su primera especialidad – la mecánica” y realizó luego una gran cantidad de diversos trabajos (pág. 107) para poder sostener sus estudios en medicina y su segunda especialidad “la cirugía plática”.  Un hombre sumamente inteligente y práctico, un ser extraño hoy en día. En la actualidad un profesional destacado requiere ser un verdadero especialista en su área. Sea el campo de trabajo que sea, desde las ingenierías hasta las humanidades. Las dobles especialidades no se sostienen, sin grandes desastres históricos de por medio. Ni siquiera se acompañan de un oficio; a lo sumo de un hobby, un pasatiempo menor. Cada uno a lo suyo, claman los axiomas profesionales. Los escritores sin paga estamos realmente perdidos. 

IV

La caída del Padre y Vheissu (el no-espacio de fantasmagóricas fronteras)


Dice el gaucho, tras los barrotes, al muchacho Godolphin:

“Ya sabes cómo son los niños. Llega el momento de la despedida, un punto en el que el hijo ve confirmada la sospecha que anida desde hace tiempo de que su padre no es un dios, ni siquiera un oráculo. Se da cuenta de que ya no tiene ningún derecho a mantener la fe en ese sentido. Y de esa forma Vheissu se convierte en un cuento a la hora de acostarse o en un cuento de hadas al fin y al cabo, y el niño en una versión superior de su padre meramente humano” (pág. 206)

Evan Godolphin continúa argumentando su caso, haciendo y no haciendo caso a las palabras del gaucho. Habla de la revelación: “algo que no podía ser un accidente, un capricho del mundo inanimado”.


Fe primitiva: el hijo es el doppelgänger* del padre. (pág. 213)
*En el folklore alemán: fantasmagórico doble de una persona que lo acecha a lo largo de toda su vida.