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miércoles, 6 de julio de 2022

La subjetividad estadística

Sobre UNA NUEVA TEORÍA DE LOS ESTADOS. 100 instrucciones para ejecutar poemas, de Emiliano Baigorri Theyler. Borde Perdido editora. 2021.

Por Nicolás Jozami.



Tal como si pudiéramos leer los puntitos que se colocan sobre el casillero de “Contraseña” en cualquier trámite virtual que hagamos; tal como si colocáramos los alias de las transferencias bancarias del mes, en orden para delimitar un campo semántico de la poesía actual; tal como si el “corte y pegue” de algo que se postea en Facebook remitiera a lo posteado ayer y a lo que subiremos mañana, formando un poema visual sintáctico que describe el estado estético de cosas vigente. Las redes sociales se han vuelto el diario ín(éx)timo de nuestras experiencias, un Frankenstein de saberes y desconocimientos, una manera de descubrirse y describirse a sí mismo con esa función particular de ser “un otro” jugando o apostando a estéticas del sentimiento, la sensación y la impostación bastante evidentes.

Este libro de Baigorri Theyler propone instrucciones (tal como las que seguimos al rellenar formularios, al pagar el teléfono, al colocar códigos de tarjetas, etc.) que pueden leerse como fractales moldeados en los que el sentido de los enunciados se vuelven poesía según el envase o formato en que están inscriptos. La propuesta involucra un tema filosófico: en el sentido de un poema, sea soneto o verso libre por caso, ¿cuánto de la experiencia artística depende del molde en el que está realizado? Así como la conjunción de colores y pintura en dos casas iguales es única, sabemos que esos colores cambiarán y serán distintos en cada habitáculo según cómo esté dispuesta y cómo le dé la luz y el sol, ya que las dos casas no pueden estar en un mismísimo lugar simultáneamente; lo mismo sucede con la experiencia estética; la poesía del presente -hasta la hecha por máquinas, tal como la que sale en uno de los epígrafes del libro- no puede obviar, o debe retomar -en su lectura- aquello de que “el medio es el mensaje”.



El vértigo maquínico-virtual de Internet puede ser entrevisto detrás de los cien textos del autor; da la sensación de que todo ya está escrito en Internet, toda la poesía posible como bots que lanzaran huesos de bytes a cada franja de lectores (recordemos que Alberto Laiseca decía que Internet era el Príncipe de las Tinieblas). Vamos con algunos ejemplos: “Un poema/ tecnológico sensorial/ como una app/ del futuro/ con palabras que podés/ saborear/ al pasar al lengua/ sobre la pantalla:/ Ryan Gosling/ iPhone 11/ Levi´s/ Playadito/ Cris Miró/ Random House”. Un bazar al que el método de búsqueda del usuario debe darle sentido, he allí la nueva forma de hacer-leer poesía. Veamos otro: Un poema/ “efecto mariposa”/ como un acontecimiento/ social-total en el que/ alguien, al otro lado/ del mundo/ lee un verso extraño/ y tres meses después/ media humanidad/ lo repite sin poder/ controlarse hasta/ quedar exhausto/ o morir/ (debe contener/ una paráfrasis invertida/ a Gandalf el Gris:/ “Saruman/ cree que solo/ un gran poder/ puede ejercer/ el mal. Pero yo descubrí/ que son las pequeñas cosas:/ las acciones cotidianas/ de la gente ordinaria/ mantienen el bien a raya”). He aquí cómo la virtualidad contiene literalmente a la realidad, o a eso que denominamos realidad. Uno más: Un poema/ sarcástico/ como un mensaje/ tallado/ sobre la piedra/ que diga/ “me gusta”/ o/ “hace una marca/ si estás leyendo esto/ en el 2400”. Aquí, libertellianamente, el futuro ya fue, o el pasado contiene al futuro en un loop sin calendario.

Las instrucciones del libro performan y determinan la capacidad desnaturalizadora de la lectura estética. Baigorri Theyler propone el racconto -cuidado, por cierto- del hablar de moldes con los que poetizar las experiencias mediatizadas capilarmente por la tecnología. La “lengua desconocida” que nos suena familiar puede interpretarse como la ambición representativa que tenemos los usuarios con las redes sociales y la extrañeza virtual, esa masa nebulosa de datos que conforman aquello que también somos. (La virtualidad nos acerca a los espectros; están y no están, el modo de su no visualización ni presentificación es el modo de existencia).

El libro permea y toca una zona políticamente angustiante en la sensibilidad contemporánea de la literatura: la prescindencia de los autores a la hora de poetizar el mundo; ¿no será que la gran máquina del mundo ya tiene hecha su poesía y un algoritmo azaroso lo pone a funcionar? Que la famosa Deep Blue pudiera ganar la partida de ajedrez a sus contrincantes es lo de menos; lo que molesta es que el diagrama que forme en las jugadas que logre sean tanto o más bellas que las de Karpov, Kasparov o el que tenga enfrente. La poesía es “esclava de su forma” y aquí el autor nos lo dice, inoculándole -risueñamente, claro- el cortejo de su fin: “Un poema/ fisicoculturista/ que ceda sus dominios/ exclusivamente/ a la forma/ Un esclavo/ de su propio cuerpo”. ¿No nos remite a Góngora o a Quevedo, ciertamente esclavos de la forma de poetizar, ansiando buscar el epítome del lenguaje encerrado en un soneto? ¿no hacían poemas fisicoculturistas? ¿en qué momento se tensa y desgarra el músculo de un poema, rompiendo todo su cuerpo? He allí lo saludable de este libro, el cuestionamiento y la deriva.

“Una nueva teoría de los estados” es un vademécum nada altisonante para lectores que busquen a un mismo tiempo la alerta entre lo que “se está poetizando” y el modo en que esas experiencias pueden ser enunciadas sin quedar fuera de la Historia, es decir, quedar sin sentido. “Un poema/ declaración epistémica/ con versos que iluminen/ la conciencia de lxs lectorxs/ en cuanto consumidores/ producto/ guiadxs por el Algoritmo/ inventor divino/ de la subjetividad estadística”.


Reseña publicada originalmente en Hoy Día Córdoba 

UNA NUEVA TEORÍA DE LOS ESTADOS. 100 instrucciones para ejecutar poemas se consigue en librerías de CABA (Eterna Cadencia, Librería Hernández, Librería Norte) y de Córdoba (El Espejo, Rubén Libros y La Librería) o contactándose con Borde Perdido.

jueves, 27 de enero de 2022

“Una nueva teoría de los Estados”. ¿Cuál es la palmera de los poetas?

 Reseña de "Una nueva teoría de los Estados" por Joaquín Vazquez.


Una nueva teoría de los Estados - Infobae
Fuente: Infobae. Tapa de UNA NUEVA TEORÍA DE LOS ESTADOS sobre Palmas de Ocoa de Onofre Jarpa.

¿Qué lugar ocupa la poesía en este contexto? En este libro publicado por la editorial cordobesa Borde Perdido, Emiliano Baigorri Theyler da sus “100 instrucciones para ejecutar poemas”.


Durante una buena parte del 2020, quizás forzado por el encierro, que a cada uno le pegó distinto, en una ciudad a la que se había ido a vivir hacía muy poco tiempo, Emiliano Baigorri Theyler subió a Instagram, diariamente y con regularidad matemática, una serie de poemas en historias. ¿Qué tiene de especial eso? Que a diferencia de las historias con poemas que pulularon en redes sociales durante ese año funesto, y que siguen pululando todavía —perdónamos cosmos, no sabemos lo que hacemos—, las del Piru realizaban una apuesta mayor, y alternaron su aparición en la red con fotos de una palmera bastante inquietante.

Ustedes dirán que exagero, que el plan poético del Piru seguro se suspendía después de subir el poema y que la palmera fue una irrupción de su vida, más allá de cualquier plan creativo. Pero ahora, a más de un año de aquello, podemos ensayar algunas asociaciones.

La primera y más evidente: ¿el autor sugería que hacer poesía es, como se dice, vivir colgado de la palmera? Si nos pusiéramos conspiranoicos, podríamos preguntar cuál es la palmera de la que cuelgan los poetas y usar un poema de Una nueva teoría de los estados para responderla. Escribe el Piru: “Un poema distópico / como una discusión viral / Puede empezar / con una pequeña narración: / Las celdas de esa prisión estaban abiertas / Toda la prisión estaba abierta / Y la gente entraba con gusto a su celda / Perdón: con desesperación / con el increíble terror / de quedarse afuera / Ese temor los hacía mezquinos / de una forma escandalosa / Aunque a nadie parecía importarle / Porque en realidad nunca se iban / nunca salían de la prisión / El mundo era su prisión”. Como ven, el poema propone una hipótesis, un hagamos de cuenta que, que le abre la puerta a un ensayo poético. En este caso —que es alegórico— el mundo como cárcel es la palmera de los poetas.

Podemos imaginar al Piru, al atardecer, en pandemia, mirando con melancolía por la ventana cómo una rata del tamaño de un caniche trepa, con una cría de carpincho en la boca, por el tronco peludo de la palmera. Podemos imaginar el sacudón que la imagen le produce y el brillo en sus ojos que, de repente, se vuelve chispazo de inspiración.

Desde entonces, y durante más de cien días con sus noches, Baigorri escribe un poema y lo comparte como historia. Desde entonces, muchos seguimos esa serie, que crece casi tanto como el número de contagiados, pero que, más por tener un cierre simbólico que por otra cosa, al momento de convertirse en libro queda cerrada en 100 poemas.

Ese es otro dato a tener en cuenta. Lo que empieza como serie no siempre termina en libro. Una cosa es subir poemas a una cuenta de una red, y otra, muy distinta, es convertir ese material en un libro. Baigorri lo hizo, pero no sin prestar atención al contexto, o mejor, a la superficie de inscripción del dispositivo poético.

UNA NUEVA TEORÍA DE LOS ESTADOS

Por un lado, entonces, la recepción virtual de los poemas. Por otro, la recepción del libro. En ambos casos hay una torsión. Baigorri introduce un elemento poético perturbador en la sucesión infinita de imágenes de la red, interrumpe el código fotográfico de Instagram; Baigorri hipotetiza en poemas, y nada detiene ese procedimiento hipotético, todo le concierne; Baigorri introduce, también, en la lógica de la enunciación de la programación computacional, funciones, como dice Lucía Malvido en la contratapa, o instrucciones, que no resultan, de buenas a primeras, ajenas al medio virtual inicial, aunque con ellas llegue, larvado, el virus de la poesía.

Por otro lado, al dar el paso de la serialización al libro, la torsión funciona en contra de las expectativas lectoras. Los poemas de Baigorri en Una nueva teoría de los estados tienen un barniz computacional, que enrarece la lectura en papel. ¿Quién o qué habla en esas instrucciones? ¿Es algo humano lo que ensaya posibilidades sobre la poesía? En un contexto para-apocalíptico como el que transitamos hace un tiempo, la matrix hablante no es una hipótesis a descartar tan fácilmente.

¿Se acuerdan de Sopa de Wuhan, esa estafa que reunía textos de eminentes filósofxs que, un tanto seniles, con hambre de futurismo y celo de videntes, dieron más pronósticos que Ludovica Squirru, Horangel y Mía Astral juntos? Menos mal que ya nos olvidamos de esa basura, menos mal que la poesía, con mucho trabajo por detrás, pero con una economía de medios muy superior, puede, como este poema, desnudar la imbecilidad colectiva camuflándose como una parte de ella. Escribe el Piru, no sin ironía: “Un poema / declaración epistémica / con versos que iluminen / la conciencia de lxs lectorxs / en cuanto consumidores / producto / guiadxs por el Algoritmo / inventor divino / de la subjetividad estadística”. La belleza de esta trampa en verso es que se sostiene en la lógica de una iteración que la antecede y que puede superarla. Ese es el procedimiento del libro: un poema y otro y otro más y otro, etc., que enuncian temas y modos de hacer poesía. El lector de este libro cae en una trampa recursiva, metapoética, en una serie de apuntes en verso que registran ideas para poemas.

Me parece que en Una nueva teoría de los estados también podemos ver fluir, si sacamos la cascarita, la sangre de algunas referencias veladas a la tradición poética latinoamericana. Hay una pretensión de abarcar la totalidad a través de la poesía o, si no la totalidad, sí un universo desmesuradamente grande de casos. La enunciación creadora de estos poemas no puede volverse sobre lo que la hace posible. Es decir, no puede cambiar las reglas que la hacen existir sin multiplicarse recursivamente. Por lo tanto, tampoco puede hacer un último poema con consciencia de estar haciéndolo. El último poema no puede enunciar, lógicamente, dentro de las reglas de este cosmos, que es el último. ¿Por qué? Porque todos estos poemas son dobles, si los consideramos desde la perspectiva del metalenguaje y la del lenguaje objeto. De allí que, cuando la forma-poema enuncia el tema-poema, vuelve a poner la zanahoria adelante del burro.

Esta construcción compleja, que Baigorri domina con maestría, bien puede ser una crítica a la voluntad agotadora de Neruda y su Canto general, o un guiño a la crítica de Borges al mismo Neruda, en la figura del pavote de Carlos Argentino Daneri, que escribía sobre el mundo mirando el aleph. Algo bastante distinto a lo que hace el Piru, que mira una palmera y baja data para ejecutar poemas.

Reseña publicada originalmente en Infobae. 



"UNA NUEVA TEORÍA DE LOS ESTADOS. 100 instrucciones para ejecutar poemas" y otras novedades de Borde Perdido se consigue en librerías de CABA (Eterna Cadencia, Librería Hernández, Librería Norte) y de Córdoba (El Espejo, Rubén Libros y La Librería).

Les dejo algunos:

Un poema
sonoro
como un páramo
reescritura
de Antígona
desierto
de metáforas
construido
con las respiraciones
entrecortadas
de quienes
no pueden
despedir
a sus muertos
*
Un poema
work in progress
como la figura
de un rompecabezas
inacabado
(las piezas que faltan
se perdieron
en una mudanza)
*
Un poema
infodémico
titulado
“la peste del
diente azul”
como una ola
de fake poems
que se transmitan
automáticamente
por bluetooth
(el poema deberá mutar
una palabra, al menos
en cada contagio)
*
Un poema
que registre
variaciones
de luz sobre
la superficie
de algún
río caudaloso
y que suponga
un yo poético
humilde y
sabio, el poema
hablará también
de sentimientos
que son
imposibles
de recuperar
(el poema
es tan sencillo
que amenaza
con desintegrarse
a cada verso)
*
Un poema
cuántico
como el fenómeno
onda-partícula:
una instrucción
para escribir
un poema
que sea
un poema
y en simultáneo
no lo sea
(se prohíbe usar
el término cuántico)
*
¿Un poema
como un inventario
de referencias
y alusiones
intelectuales
pero sin casi nada
de poesía?
*
Un poema-enigma
como el crimen
de una novela policial
El delito del poema
será ejecutar
una narración
El lector tendrá
que esforzarse
para encontrarla
*
Un poema
epitafio
como una lista
de esos obituarios
sentimentales
en los muros
de las redes sociales
de algunxs muertos
muy jóvenes
(se debe titular
“El Facebook
de los muertos”)



UNA NUEVA TEORÍA DE LOS ESTADOS
Texto de Lucía Malvido para la contratapa de UNA NUEVA TEORÍA DE LOS ESTADOS. 


miércoles, 19 de abril de 2017

Nosotros adoramos a la lentitud

Reseña/comentario de "Los veloces son los nuevos profundos" por Victoria Varas


Los veloces son los nuevos profundos es el título del primer libro de poesías de Emiliano Baigorri. La editorial El ojo del mármol llevó a estos archivos (que habían ganado el concurso de poesía 20 años de la Editorial Llanto de mudo) al formato papel sin que perdieran ni un giga de su fuerza web. Porque hay algo de la costura digital de estos poemas que sobrevive en la página impresa: imágenes visuales dictadas por Youtube, yuxtaposiciones linkeras, asociaciones generadas por un hipertexto infinito y la velocidad cibernética traducida en la brevedad y contundencia del verso. Pero lejos de configurar un imaginario robótico, el cableado común de estos poemas transporta una electricidad sanguínea y profundamente íntima. La de Baigorri parece ser una poesía de monoambiente, escrita entre paredes que combaten al monstruo asqueroso de la adultez con capítulos de Hora de aventura. En esta suerte de bucolismo indoor, el sol es "foquito de sesenta", los paisajes se descomponen en millones de bytes y las geografías añoradas son las de una chica casi siempre diminuta, con pollera escocesa o un mechón de pelo azul. Si el título revela (y esconde) mucho del universo del libro, el epígrafe ("Y pese a todo mi paranoia sigue siendo analógica") anuncia un paradojal elogio a la velocidad. Baigorri ofrece una mirada pausada sobre un mundo que estalla en infinitas pantallas, una voz serena y lisérgica en una fiesta de impresiones inquietas: "Ojalá puedas detenerte en lo que sea".


domingo, 23 de marzo de 2014

Hacia el n-sexualismo

I. Su definición


M. –¿Qué es el n-sexualismo? Podemos decir que una práctica posible. Una forma de vivir la sexualidad. Algo vago, lo reconocemos. Lo que sucede, es que creemos que gran parte de la fuerza revolucionaria (o expansión utópica) del n-sexualismo proviene justamente de evitar una definición taxonómica de la sexualidad. De allí la “n”. Una n es una variable abierta, puede asumir cualquier valor, mantenerse estable o cambiar. No está precodificada. Aunque no hay que confundir. No se trata de una x, una incógnita a resolver, una esencia a develar. Todo lo contrario, intentamos dejar atrás la noción de “esencia” en la sexualidad. La n es más bien un punto de pasaje de intensidades mutantes. Un punto de conexión con otras sexualidades, una coordenada abierta al deseo múltiple.
El n-sexualismo es una forma de vivir la sexualidad sin necesidad de clasificarnos a nosotros mismos o a los demás en esta o aquella casilla: hétero, homo, bi, o lo que sea. Estos rótulos sólo sirven –en el mejor de los casos– para volver esperable, predecible nuestra conducta ante los demás; y en el peor, para generar conflictos en la formación de nuestra identidad sexual. Si alguien no se ubica en estas categorías, si no se asigna a sí mismo un valor estable, decimos: “¡Bueno, que se decida de una vez!”, o “Hay que tener paciencia: aún no se ha definido”. El n-sexualismo, al contrario, propone que no hay nada por definir, que no hay esencia que descubrir o aceptar, pero sí mucho por experimentar, mucho por sentir con el otro, mucho por liberar en las intensidades eléctricas que nos atraviesan y deshacen en el torbellino sexual de la vida.  

 E. –¡Exacto! El n-sexualismo pretende dejar a un costado toda objetivación de sexualidades en categorías cerradas. Muy al contrario, su intento es la apertura de posibilidades que eliminen conflictos típicos y angustiantes. La utopía es que cada cual viva lo sexual sin esquemas de inteligibilidad preestablecidos.
Hablando claro y simple, el n-sexualismo intenta solucionar muchos planteos o problemáticas actuales en relación a lo sexual. No exige a nadie definirse (nos olvidamos de las esencias), sino que impulsa a intensificar nuestras experiencias relativas a lo sexual.
 Cerrando este primer acercamiento, podríamos decir que el n-sexualismo se postula como una alternativa que propone desarrollar al máximo el flujo de posibilidades en las relaciones con los otros. Una alternativa que impulsa a vivir el devenir de nuestros deseos con libertad y sin culpas, multiplicando nuestro goce al abrir posibilidades para pensarnos a nosotros mismos y a los demás. Experimentar con el otro la mayor multiplicidad de sensaciones y lo más intensas posibles podría ser un principio fundamental de nuestra utopía.





II. Líneas de expansión

M. –Entremos de lleno en el juego. ¿Cuáles son las líneas de expansión que abre el n-sexualismo? ¿Qué territorio de opciones derrama ante nosotros? ¿Qué dispersión de ejes liberadores podemos imaginar? Éstas son las preguntas que nos guían. Sin buscar agotar las posibilidades del n-sexualismo, intentaremos recorrer algunos de sus impulsos.
Veamos. Desde el n-sexualismo, buscamos la expansión del yo en múltiples experiencias posibles. No su contracción, su repliegue, su envoltura cerrada en una “coherencia” subjetiva y sexual ya dada. Alentamos lo contrario: el despliegue abierto de las sensaciones, el estallido de opciones que crece y nos vincula con el afuera, con los cuerpos y miradas que nos rodean, que nos atraviesan, que nos incendian. Abrir el yo a la exterioridad de las relaciones, a los vínculos móviles, a las conexiones de intensidad con el otro; restar importancia a los abismos de la interioridad, dejar que el mundo del afuera, que el deseo incandescente nos arrase por completo.
Por eso mismo, el n-sexualismo alienta la multiplicidad antes que la unidad. Busca que nuestras experiencias aumenten, que nuestro deseo sea plural, que nuestro placer sea incontable. No le interesa la moral de “la calidad vs. la cantidad”. Está más allá de esto: busca intensidades múltiples, variadas, combinadas, diversas. No se detiene a recoger una unidad, una coherencia en el sujeto. Descarta esta pretensión, y propone en su lugar experiencias multiformes, plurales a descubrir con el otro, sin necesidad de jerarquizar nada dentro de la tormenta eléctrica de relaciones a la que nos entregamos, ni de ordenar coherentemente lo que sentimos. ¡Firulais!
Complementaria de la multiplicidad, es la simultaneidad. Esto es posible porque desde el n-sexualismo no hay intensidades “incompatibles” entre sí. Nos hemos acostumbrado a pensar que ciertos sentimientos deben respetar una serie cronológica para ser correctos moralmente. Por ejemplo, podemos amar (amor de pareja) varias veces y a distintas personas en nuestra vida, pero no al mismo tiempo. (No, al menos, sin vivir un dilema moral, o una desaprobación social.) El eje de la sucesión temporal está permitido, pero no el de la simultaneidad plural. El n-sexualismo propone borrar estas distinciones, restar importancia a esta costumbre cristalizada. En lugar de sentir culpa por la simultaneidad de nuestras pasiones, el n-sexualismo nos alienta a festejar esta capacidad de sentir, pues vuelve más intensa y plena nuestra vida.

E. –¡Eso es, mi estimado M.! Intensidad y plenitud de vivir posibilidades nunca clausuradas. Justamente, el n-sexualismo propone imaginar, en la libertad que provoca la ausencia de categorías cerradas y de divisiones morales cristalizadas, múltiples posibilidades de conexión y de relación. Las opciones que podemos considerar como dadas pierden relevancia a la hora de pensarnos en relación con los demás. La expectativa que se genera ante esta apertura de opciones sale de la lógica de la coherencia y de la homogeneidad. El terreno de las relaciones y de los deseos se torna dinámico, permitiendo mutaciones constantes (y lo mejor de todo: sin culpas).
En este andar dinámico, cualquier fijeza esencial se diluye en un devenir abierto. Ya no buscamos descubrir o aceptar qué somos; se trata, en cambio, de formarnos o construirnos a nosotros mismos en la explosión del choque de los cuerpos, en el juego eléctrico del deseo y el placer de n-relaciones. Las experiencias se abren a un futuro imaginado sin patrones estables. Aquí, las expectativas de identidad sexual no tienen sentido, ya que no hay definición sexual que no sea susceptible de modificarse sin previo aviso, mutando sin necesidad de establecer razones coherentes, sin culpas, sin crucifixiones.
 El n-sexualismo no busca la sensatez moral de las relaciones, ni la racionalidad de una coherencia de identidad sexual. Busca, en cambio,  la multiplicidad y la intensidad de las sensaciones, posibilitando la creación de un “yo sexual” flexible como una arcilla que pudiéramos transformar cada vez que nos venga en ganas.
En fin, desde el n-sexualismo proponemos abrir “mundos”, agrietar estructuras, fragmentarnos en posibilidades, crearnos a nosotros mismos en un desarrollo sin estatismos convencionales, multiplicar sin mesuras nuestro goce, diluirnos en un deseo plural.



Giovanni Lipari


  

III. Su polémica. La apuesta n-sexual

M. –Entramos en la parte final de nuestro recorrido. Nos toca ahora enfrentar una serie de nudos problemáticos, críticos, con los que debe medirse nuestra propuesta. Problemas que son, al mismo tiempo, el reverso de nuestra apuesta, el impulso que nos motiva. Básicamente, el n-sexualismo intenta disolver algunas dificultades y conflictos actuales en torno a nuestra manera de vivir la sexualidad imaginando una alternativa futura donde tales problemas pierden sentido.
Por supuesto, no agotaremos aquí todos los desafíos concretos del n-sexualismo. Nos detendremos tan sólo en tres de sus zonas polémicas, pues creemos que de este modo estaremos cubriendo los problemas y las apuestas más relevantes, más importantes en este momento de surgimiento y eclosión utópica.
 Tendremos, entonces, los siguientes puntos: a) el n-sexualismo en relación a uno mismo; b) el n-sexualismo en la pareja convencional; y c) objeciones globales a la utopía n-sexual.

Victory on the Sea - Jan Saudek

a) Identidad n-sexual

M. –Muchos pueden vivir sin conflicto su identidad sexual. Encajan perfectamente en una categoría estable. Se describen a sí mismos y ante los demás con los términos taxonómicos acostumbrados. Lo han logrado. La propuesta de escapar a una clasificación del deseo, a una cuadriculación de la propia identidad sexual, puede no atraerles. Hay personas, sin embargo, que sí saborearon algunos conflictos al tratar de formarse una identidad sexual fija, estable, normal. Tal vez experimentaron en algún momento una chispa de deseo que desbordaba las categorías acostumbradas. “¿Qué sucede? ¿No seré aquello que pensé que no era? ¿Fue un desliz? ¿Debo olvidarlo? ¿O es la punta del iceberg de mi “verdadero yo”? ¿Qué habrá sucedido en mi pasado, en mi niñez, para tener estas dudas? Si dudo de mi orientación sexual, evidentemente algo anda mal. Debo estar en crisis. ¡Ay! ¿Cómo haré para superar este trance? ¿Debo contarlo? ¿Reprimir mis impulsos? ¿Continuar normal mi vida, secretamente expectante de un chispazo de deseo similar? También dicen que dudar es normal, no debería preocuparme…, etc., etc.”.
Todos estos cuestionamientos, que llegan a veces a profundas angustias por “falta de definición”, no tendrían mucho sentido si no supusieran, como parámetro de normalidad, de ausencia de conflicto, una identidad sexual fija, determinada, definida, circunscripta. “No importa en qué dirección vayas, hijo –nos dice, en el mejor de los casos, nuestra sociedad–, ¡pero que sea una dirección determinada! Escoge lo que quieras, ¡pero escoge de una vez!”. El n-sexualismo no se inquieta por esta falta de definición, al contrario, la festeja: “Hay muchas direcciones posibles: ¡pásala bien!”. Intenta sustituir los conflictos en torno a la “esencia” de nuestra sexualidad: “¿Qué soy, esto o aquello?”, por preguntas n-sexuales del tipo: “¿Cuántas conexiones intensas, placenteras, felices puedo lograr con el otro?”.

E. –En efecto, los problemas “esenciales” (que reenvían a los abismos del yo) pierden sentido y se desvanecen en la irrelevancia. Como las posibilidades se abren a lo múltiple, los  desafíos n-sexuales serán situacionales (problemáticas que reenvían a lo vivido en este momento con el otro). Así, las preguntas que planteará el modo de vida n-sexual serán del siguiente tipo: ¿qué haré en tal situación? ¿Estoy disfrutando esto? ¿El otro querrá profundizar conmigo? ¿Me siento cómodo así?
La identidad n-sexual es una identidad mutante. Pero no porque nos exija cambiar a cada momento, sino porque es una identidad susceptible de tomar cualquier dirección sin la obligación de justificarse. Una identidad flexible que decide en situación, de acuerdo a sus propios límites y sus deseos.  El momento vivido será el rector de la decisión n-sexual. El límite que antes establecía mi coherencia sexual desaparece entre los pliegues de un abanico de posibilidades siempre abiertas.  

Sandra Torralba

b) Amor libre

M. –El desafío más grande que enfrenta nuestra utopía es que el n-sexualismo se libere en el corazón de la pareja convencional [1]. Que nuestro amor, aun estando en pareja, sea n-sexual. “¿Es posible una pareja de este tipo? ¿Sería realmente amor? ¿Y qué hay de la fidelidad?”. Interesantes preguntas, que esperamos que algún día pierdan sentido. Pero por ahora, dialoguemos con ellas.

E. –Me parece muy bien que empecemos de una vez por todas con estos puntos tan polémicos y tan jugosos. Veamos, en principio, ese último que nombraste: la fidelidad. La fidelidad siempre es un tema actual, y una noción que está redefiniéndose continuamente. De todos modos, intentaremos ver algunas constantes que permanecen en su definición y que nos complican a la hora de entendernos en relación al amor.
Una constante que funciona como principio básico de la fidelidad es la exclusividad. Ser fiel es ser exclusivo de otro en el momento de hacer explícitos nuestros deseos. En general, se lo entiende como principio implícito del contrato de pareja. No hace falta decirlo. Es un elemento que funciona a priori al momento de establecer una relación “amorosa”. Sólo se explicita, justamente, cuando sucede lo contrario; es decir, cuando una pareja establece una relación que normalmente llamamos “liberal”, y que también normalmente no deja de producir una sensación de extrañeza. Así, una relación que no contemple la exclusividad, es entendida como algo que no se toma “en serio”, y que por lo tanto queda fuera del campo del amor. Tener una relación liberal con alguien significa que una de las partes implicadas no ama “verdaderamente”.
Así las cosas, cualquier deseo por un tercero es signo de peligro. Desear a alguien más es: o no amar verdaderamente a nuestra pareja o ya estar engañándola. Por supuesto, el engaño se produce cuando ese deseo es concretamente liberado sin el consentimiento de la otra parte implicada en el contrato amoroso. No engañar, o sea ser fiel, es reprimir el deseo, esconderlo, nunca conducirlo hacia fuera con otro. De este modo, al cercar el deseo en nosotros mismos generamos una experiencia conflictiva. “Deseo otros, pero no quiero engañar, pero sí amo…”
Desde nuestra utopía proponemos sustituir la pareja fidelidad/exclusividad, por la de incondicionalidad/intensidad. Ser incondicional con alguien no implica exclusividad de deseo. Incondicionalidad apunta más bien a aumentar la intensidad con la que amo, con la que experimento, con la que deseo; pero no siendo exclusivo a alguien. De este modo, la libertad de deseo y de experimentación con otros ya no se viviría como un engaño o como un conflicto.

M. –Creo que has dado en el nervio del asunto. En efecto, la fidelidad está fuertemente unida a la noción de pareja donde ambos se respetan y aman mutuamente. Es, en la práctica, el pilar de la confianza mutua. “Soy fiel porque amo”. ¡Qué bello! Sin embargo, ¿qué quiere decir esto? ¿Que uno concentra el deseo tan sólo en su pareja y por tanto los demás no importan (pasional o eléctricamente)? En ese caso, diríamos: “Soy indiferente al resto, porque te amo”. Sería más comprensible, y más triste también. Pero percibimos que no es esta la idea: no se trata de ser indiferente al resto, sino de sólo desear (legítimamente) a la pareja. De que el deseo por los demás sea correctamente controlado, limitado, y en el extremo ideal, eliminado, amputado. “Entre todas, te elijo”. ¡Lindísima frase! Unimos al mismo tiempo el amor hacia una persona, y el sacrificio del deseo por otras personas. Creo que el problema de la “fidelidad” es que se nos presenta como un término que parece implicar afectos y acciones positivas, constitutivas del amor, mientras que en la práctica no es más que una noción perfectamente negativa, limitadora del deseo: ser fiel significa exclusividad del deseo para con nuestra pareja. De aquí en más brotan alegremente los problemas morales: “¡Ay! Deseo (¡incluso creo que amo!) a otras personas. ¿Algo estará fallando en nuestro amor? ¿Qué debería hacer, reprimir, vivir lo que siento, engañar, elegir el verdadero amor, destruir la pareja? Ah!”. Pobre y conocido amigo. Desde el n-sexualismo esta tortura es innecesaria. Podemos amar simultáneamente a múltiples personas, si nuestro corazón lo resiste. Ya no se trata de “culpas” privadas, sino de flujos de intensidades a vivir con el otro.
“Sin embargo –se nos podrá decir–, algo está mal. No estamos respetando a nuestra pareja si amamos al mismo tiempo a otras personas; si tenemos, incluso, otras parejas!” Esta objeción sólo tiene sentido por haber asociado tan fuertemente “fidelidad” con “exclusividad”. Si dejáramos atrás este último término, la fidelidad no crearía los problemas que actualmente crea, y el respeto no tendría que ver tanto con “no traspasar las prohibiciones acordadas tácitamente”, sino con valorar la libertad de deseo y de relaciones de la persona que amamos.
En fin, si como se propuso más arriba, sustituimos el par fidelidad/exclusividad por  el de incondicionalidad/intensidad, habremos pasado de la “pareja-contrato” tradicional (cuya exigencia de “confianza” y “respeto” sólo tiene sentido por la red de prohibiciones implícitas en la que se sustenta), a la pareja n-sexual, donde se festeja el amor libre e incondicional; donde se busca y se disfruta al máximo generar intensidades especiales, pasiones eléctricas, vínculos de fuego, vidas centelleantes, amores que nos lleven al límite. Pero donde poco sentido tiene hablar de “exclusividad” en las pasiones. 


c) Objeciones globales al n-sexualismo

M. –Como muchas utopías que imaginan una alternativa posible a ciertos problemas o limitaciones actuales, también nuestra propuesta n-sexual ha recibido la desconfianza generosa del escéptico y la crítica despiadada del moralista. No nos parece mal ser escépticos ni preocuparse por las normas morales con las que vivimos. Eso mismo nos llevó a imaginar una utopía, una apuesta a futuro. Lo que nos interesa ahora, es defendernos de ciertas críticas generales, ciertas objeciones globales que se han alzado        –desde la corteza de la doxa– contra el n-sexualismo.  

E. –Para comenzar hablemos de aquellas críticas morales que tildan al n-sexualismo de “machista” o de “cínico”. Por un lado, se nos dice que el n-sexualismo reduce las personas a objetos sexuales. Creemos que nuestra propuesta se encuentra muy alejada de considerar a los demás (mujeres, hombres, n) como objetos sexuales en torno a nuestro deseo egoísta y tirano. Muy al contrario, el n-sexualismo propone ver a los otros como sujetos sexuales en pie de igualdad: libres, y seduciéndonos mutuamente, ¡hacia el festín! Se trata de  intentar ver al otro como un sujeto sexual con el cual relacionarse, pero sin clasificaciones previas, sin relaciones predeterminadas. Un sujeto con el cual mi relación de deseo se encuentra abierta a una multiplicidad de opciones sin clausuras.
Por otro lado, se cree que el n-sexualismo es una alternativa en la que “únicamente importa el sexo”, una visión reductora que considera que “en la vida todo es sexo”. Respecto a esto pensamos, al contrario, que “en el sexo, todo es vida”. Es decir, sin pretender reducir toda la vida a una dimensión, en este caso la sexual, intentamos expandir al máximo una de las dimensiones de la vida. Es simplemente eso: una dimensión entre otras. El n-sexualismo intenta liberar ese aspecto para expandir el propio yo en una de sus dimensiones, para abrir el mundo, para repensarse de manera fresca y liberadora, pero lejos, muy lejos, de considerar que es la única dimensión o de intentar jerarquizarla como la más importante de todas.
Así, el n-sexualismo ni considera a las personas como objetos sexuales (por el contrario, las reconoce en tanto sujetos sexuales), ni reduce el mundo a un solo aspecto (inversamente, abre este aspecto al mundo).

M. –Por otra parte, están las críticas basadas en la desconfianza general hacia la posibilidad de una utopía n-sexual. “¿Es verdaderamente factible?”, se nos dice. Tenemos dos formas de contestar a esta pregunta. Podemos preguntarnos si el n-sexualismo es realmente tan inconcebible en la práctica, o si, por el contrario, poseemos ya, a nuestro alcance, formas de vida muy parecidas a la que proponemos. Por otro lado, podemos rechazar el supuesto implícito que late en la crítica: el n-sexualismo como algo que se impondría de un día para otro y a todo el mundo. Responderemos utilizando ambas estrategias.
Para empezar, ¿es el n-sexualismo algo tan irrealizable como forma de vida? ¿Tan complicado y difícil resultaría en la práctica? Creemos que no, por la sencilla razón de que ya existe un paradigma de relaciones humanas que es similar, en muchos aspectos, a la propuesta que imagina el n-sexualismo. “¿Cómo? ¿Una práctica actual que resulta análoga a la utopía n-sexual?”. Pues sí, y esa forma de relacionarnos, al alcance de la mano, es la amistad. En efecto, desde la amistad se alienta la multiplicidad y la expansión de relaciones, se festeja la incorporación de nuevos amigos a nuestra red de afectos. No hay escándalo por la simultaneidad, al contrario, se considera que es positivo tener más de un amigo, pues cada uno enriquece nuestra vida de manera diferente y valiosa. También se considera positivo que todas nuestras amistades sean lo más intensas posibles, viendo como una virtud y no como un defecto, el que lleguemos a amar a todos nuestros amigos. La exclusividad aquí no tiene sentido: amar a un amigo no implica no amar a otro, o no respetarlo en la amistad. Tampoco necesita jerarquizar moralmente las relaciones, poniendo una amistad por encima de las otras. Puede hacerlo, pero eso dependerá de la conexión especial de intensidades que viva concretamente esa relación, no de una elección moral en nombre de la “verdadera amistad”, que sacrifica vivir ese mismo tipo de conexión con otras amistades. En fin! Las similitudes pueden seguir multiplicándose alegremente. Los valores e ideales n-sexuales, en gran parte, están esparcidos en nuestra manera de vivir la amistad. No creemos, por tanto, que sea tan imposible llevar a la práctica el n-sexualismo, que simplemente agrega la dimensión eléctrica de las intensidades sexuales.
Por otro lado, tenemos la objeción implícita de que el n-sexualismo sería irrealizable en  tanto propuesta que se impone de una vez y para todos. Sin embargo, ni la radicalidad inmediata del cambio, ni la universalidad de su aceptación, son pretensiones que persigue el n-sexualismo. Creemos que no se trata de un “todo o nada” en el corazón de las costumbres, sino de cambios graduales, liberaciones progresivas, según ritmos personales, de pareja y hasta grupales, por qué no. No hay, en este sentido, “líneas a seguir” predeter-minadas, ni “orden” n-sexual que reproducir. Simplemente proponemos flexibilidad en la manera de concebir y vivir nuestras relaciones –con nosotros mismos y con los demás–, a fin de aumentar el placer y la felicidad de los que somos capaces.



Martín Guerrero
Emiliano Baigorri Theyler

Artículo publicado originalmente en la revista universitaria El árbol de Jítara, N°2, 2008. 
Luego, fue publicado digitalmente en Revista Caja Muda, N°4, 2012.  



[1] Con “pareja convencional” no nos queremos limitar a la noción de pareja heterosexual, sino abarcar el acuerdo más general que entiende la relación paradigmática de amor como una relación que es, esencialmente, de a dos. “¡Mi media naranja!”