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sábado, 17 de mayo de 2014

Pasto de Urón II




(Foto: full moon)


II

Mientras Tanco le acaricia
los mechones de su barba
Safari piensa:
Tanco ha visto
el fondo de mi alma y
se parece al fondo
de la suya.
Por esa
razón
me ama.
Yo lo acepto
lo comprendo
porque
acaso amar
¿no es tener el tiempo
suficiente para hurgar
en el fondo del otro
 y encontrar algo
que se nos parece
pero que es
absolutamente extraño
como cavar y cavar
en una pradera
de algún planeta desconocido
y encontrar un hueso
un hueso roído
por otros dientes?

(De la serie Pasto de Urón)

martes, 25 de marzo de 2014

Marcela profética






He visto campos
sembrados con niños
incendiarse una mañana
de mucho sol.
Sus breves cabezas
lanudas ardiendo
hasta el anochecer.
He visto a la memoria
transformándose
en venganza.

He visto mucho antes
de los confines del tiempo
ingresar naves de combate
por el corredor
de las Sierras Chicas
arrojando rayos desintegradores
sobre los countrys.

He visto las bestias metálicas,
los insectos de acero,
junto a los fantasmas negros
de las lavanderas
furiosas, emerger
desde el Suquía
reptar por las paredes
de la Cañada y emprender
el ataque
hacia el Sur de la Ciudad.

He visto las llamas
en la ciudad. Los cyborgs
en apoyo de la revuelta
multiplicadora
tomar el control
de la plaza San Martín.
La cabeza del gobernador
en una pica, el cuerpo
del intendente
empalado
aún vibrante
sobre una plataforma improvisada
sobre San Juan y M. T. de Alvear.

He visto la viruta
del metal incrustarse
en los pliegues deformados
de las frescas cabezas
como frutas
de jóvenes muchachas
que soñaban ser banqueras.
Sus sueños diluidos
corriendo por el asfalto
hasta mezclarse con la grasa
chorreante
de los carros propulsados
del 108º Festival Internacional del Choripán.  

He visto la traición académica
y el corte limpio de sus intestinos
He visto la desesperación
en las trincheras de Nueva Córdoba
la última resistencia,
Los he visto perecer.

He visto en una terraza
de un edificio de Alberdi
un corral con gallinas y puercos,
las cámaras de la televisión
registrando el manifiesto
de un grupo de payasos
degollándose a sí mismos.
El tajo de sus gargantas
abrirse como párpados,
la sangre como un llanto
derramándose sobre las plumas
y las pieles de los sucios animales.

He visto esto
una y otra vez.
Lo he visto
extasiada siempre.
Cuando todo acaba
pongo en mi equipo de música
Division Bells de Pink Floyd.
Me tomo un café
enciendo un cigarrillo
y fumo
hasta que las campanas
ya sólo repican
en mi cabeza.   



domingo, 16 de marzo de 2014

Pasto de Urón

I
En las breves colinas de Íoe
mientras, las olas
de lava se sacuden
y el viento arrastra el vapor
hacia el exterior
una de sus novias
rueda pendiente abajo
para incendiarse
en el instante

Safari mira con nostalgia
el reguero de sangre blanca y
felpuda que ella ha ido dejando
como huellas de la calamidad
insignificante de una vida
y sólo
puede pensar
en los pastos de Urón

VI
Escribe Tanco:
para esquivar
una gran ola
de basura espacial
descendemos en Kritón
a tomar algo fresco

Safari trepa
su lengua afuera
un géiser de nitrógeno
No quiere perderse
la vista excepcional
de la lluvia de diamantes
de Noptenu


(De una serie que se llama Pasto de Urón)

martes, 21 de agosto de 2012

Citas con Paul Auster


Retrato de un hombre…
O citas con la muerte de un padre


 Foto: Soledad Girardo

Paul Auster. La invención de la soledad

Página 11:
“Podemos aceptar con resignación la muerte que sobreviene después de una larga enfermedad, e incluso la accidental podemos achacarla al destino; pero cuando un hombre muere sin causa aparente, cuando un hombre muere simplemente porque es hombre, nos acerca tanto a la frontera entre la vida y la muerte que no sabemos de qué lado nos encontramos. La vida se convierte en muerte, y es como si la muerte hubiese sido dueña de la vida durante toda su existencia”

Página 12:

“Muerte sin previo aviso, o sea, la vida que se detiene y puede detenerse en cualquier momento”

Auster dice que tiene “la certeza de que mi padre se había marchado sin dejar ningún rastro”. Un hombre invisible que transitaba el mundo encontrándose siempre en otro lado. La sospecha de que el hombre que había en él existía en segundo plano, oculto detrás del torrente de manías, superficialidades y hábitos.

Sobre mi padre: nada más distinto y nada más parecido.

Retrato del hombre visible:
Absolutamente visible. Siempre allí, en el instante, imposible de no ver. Y agregar: su visibilidad no provenía de la imposición terrorífica. No era una visibilidad producto de una personalidad impostora, que gritara su presencia por miedo a no ser visto y escuchado. No hubo jamás violencia en su visibilidad.
Retrato del hombre invisible:
Al mismo tiempo, siempre pareciendo estar más allá, en otro plano. Su presencia invocaba un mundo de alegría y aceptación que se resiste a mostrárseme sin él.


El libro de la memoria
Página 113:
Pinocho

“¿Es verdad que uno debe sumergirse en las profundidades del mar y salvar a su padre para convertirse en un niño real?”

Añadidos a los comentarios “Sobre la naturaleza de la casualidad”

El libro de la memoria, volumen cinco. Página 143.

Primer añadido:

“Dos meses después de la muerte de su padre (enero de 1979), el matrimonio de A. se vino abajo. Los problemas habían estado latentes durante algún tiempo hasta que por fin tomaron la decisión de separarse. Pero una cosa fue aceptar esa ruptura, sentir dolor por ella a pesar de comprender que era inevitable, y otra muy distinta resignarse a sus consecuencias: la separación de su hijo. Sólo pensarlo resultaba intolerable”.

Añadido:

E. leía La invención de la soledad de Auster. Rescribía lentamente el párrafo de la página 143 reacomodándolo a su situación:
Cuatro meses después de la muerte de su padre (abril de 2011), la relación de E. con su novia se vino abajo. Algunos problemas habían estado latentes largo tiempo y otros eran evidentes desde hacía unos meses. Entonces E. escapó abandonando a su mujer y todo lo que juntos habían construido. Aceptar esa ruptura, sentir dolor por ella a pesar de comprender que era inevitable, sumado al dolor de la muerte de su padre y el esfuerzo de recomenzar su vida, fueron devastadores.


Segundo añadido a los comentarios sobre la naturaleza de la casualidad:

En la página 144 Auster comenta la desaparición de un niño del barrio donde ahora vive solo y espera los fines de semana para reencontrarse con su hijo. El nombre del niño es Etan Patz. A. describe cómo el caso adquiere dominio público en los medios locales.
En septiembre de 2011 mientras E. lee el libro de Auster, los medios de comunicación argentinos se ocupan casi con exclusividad de la misteriosa desaparición de una niña de once años: Candela Rodríguez.
A. narra (1979) que nada se sabe del destino del niño. Podría estar muerto, secuestrado, asesinado, etc. La única certeza, dice A., parece ser la desaparición de Etan.
E. (2011) ve en la espectacularidad mediática de los noticieros la aparición del cuerpo sin vida de Candela. La única certeza parece ser es que Candela fue asesinada. ¿Narcotráfico, red de trata, pedofilia, venganza?

Tercer añadido a los comentarios sobre la naturaleza de la casualidad:

E. recuerda a su abuelo materno (hoy vivo con 84 años) hacer un juego muy similar al que hacía el abuelo de A. llamado el hechicero, descripto en la página 171. El abuelo de A. hacía este truco de “adivinación” en complicidad con un amigo, vía teléfono. El objeto a adivinar era un naipe o carta. El abuelo de E. realizaba un juego parecido que llamaba el lector de mentes. En éste también había un cómplice sólo que presente en la reunión y no se trataba de naipes, sino de algún objeto cotidiano, digamos, por ejemplo, una lámpara, un mantel, un cenicero, etc. La persona que elegía el objeto se lo decía en secreto al cómplice, la mente a leer, y éste se lo daba a entender al abuelo de E., el adivinador, mediante un orden prefijado. El acuerdo era, por ejemplo, que el objeto elegido sería dicho en cuarto lugar, o que sería dicho siempre detrás de tal otro objeto clave.


Cuarto añadido a los comentarios sobre la naturaleza de la casualidad:

Páginas 179-180. En relación a la profetización de un día extraordinario en la adolescencia de A.
E. recuerda un día, cuando tenía entre 15 y 16 años, en que se le ocurrió al llegar al colegio la idea de despertar la curiosidad de sus compañeros con una falsa profecía. Fue una idea espontánea que se ubica entre un experimento social y un entretenimiento para matar el aburrimiento de las repetidas horas escolares. Se trataba de crear expectativa y ver que ocurría: ese día, ese mismo día, antes de finalizar la tarde, algo maravilloso iba a suceder, ya lo verían. Ante su propia incredulidad, funcionó. Muchos de sus compañeros y compañeras estaban ansiosos esperando la maravilla y acosándolo con preguntas para aclarar el misterio. E. se mantuvo en silencio y repitió: antes de finalizar la tarde algo maravilloso va a ocurrir, si anuncio qué le quitaré parte de la sorpresa. Lamentablemente, nada ocurrió, salvo la tensión misma creada por la expectativa: la autorrealización de la profecía, piensa E., y añade: la paradoja de toda profecía. (“Jonás y también el cuento de la vieja y el pueblo en el que algo terrible va a suceder”).
Al igual que A., E. aún recuerda con sorpresa aquel día. Para ambos fue un descubrimiento. Cada uno arriba, claro está, a conclusiones levemente diferentes. Para E. fue: la paradojal fuerza de la predicción, la manipulación de otros a través de la creación de expectativas, y la propia autocreación desde el pasaje hacia el futuro. Sin embrago, piensa E., un párrafo de la página 180 podría aplicarse a sí mismo tal cual está:

“Descubrió que también el futuro temerario, el misterio de lo que aún no ha ocurrido podía guardarse en la memoria. Y a veces tiene la sensación de que lo verdaderamente extraordinario era la ciega profecía adolescente de veinte años antes (diez años para E.), el mismo presagio de lo extraordinario; su mente arrojándose feliz hacia lo desconocido. Lo cierto es que han pasado muchos años y todavía hoy, a finales de noviembre (comienzos de septiembre), se sorprende recordando aquel día”.



En relación al tema de la memoria y la escritura.

Página 198:

“La pluma nunca se moverá con la prisa suficiente como para reproducir cada palabra descubierta en el ámbito de la memoria. Algunas cosas se pierden para siempre, otras quizá vuelvan a recordarse, y otras más se encuentran y se pierden una y otra vez. Es imposible estar seguro de nada.”

La escritura, la notación de lo vivido, de lo visto y sentido (sentimientos, sensaciones y significados), es un intento por contener esa imposibilidad. Un registro que caducará en su primer objetivo (la certeza del pasado) para convertirse, luego, en algo más.

Página 201:

“En ese momento la ecuación se volvió clara: el acto de escribir como un acto de la memoria”

Para que algo ocurra otra vez, primero hay que recordarlo. (¿La paradoja del karma?)


Página 235:

“El lenguaje escrito nos libera de la necesidad de recordar demasiadas cosas, pues los recuerdos se almacenan en forma de palabras.”

Mi memoria se activa después de los últimos cinco años vividos, al menos. Superado ese lapso lo admito como pasado. Pero esos últimos cinco o seis años son parte de mi presente; en ellos se encuentra la causa de mis sentimientos por más inmediatos que aparenten ser, y se resisten a ser reconstruidos en un acto de memoria. O decir: siguen sucediendo.


Sobre el deambular y Freud:

Página 210:
“Estamos perdidos en ese mundo de forma inevitable y ni siquiera podemos aspirar a encontrar nuestro camino dentro de él.”
Y 211:
“El desarraigo por lo tanto como la nostalgia de otro hogar, un espacio del espíritu mucho más primitivo”

Página 219:
“Para encontrarse, primero necesita ausentarse, y por eso dice A. (E.) cuando en realidad quisiera decir “Yo”, pues la historia del recuerdo es la historia de lo que se ha visto. La voz, por lo tanto, continúa.”



Poesía

Página 244:
“El cielo es azul, negro, gris y amarillo. El cielo no está allí y es rojo. Todo esto ocurrió ayer, todo esto ocurrió hace 100 años. El cielo es blanco, huele a tierra y no está allí. El cielo es blanco como la tierra y huele a ayer. Todo esto ocurrió mañana, todo esto ocurrió dentro de 100 años. El cielo es color limón, rosa y lavanda. El cielo es la tierra. El cielo es blanco y no está allí”

Narración.
Melancolía de lo que todavía no sucedió
Como si el mundo lo acompañara, el fin del viaje de E. a ciudad R. termina en un día lluvioso. Las últimas palabras del libro de Paul Auster reverberan, arremolinándose y rebotando, en las flexibles cavidades de su interior. Todo es triste pero hermoso. Es imposible estar seguro de nada. Todo ocurrió ayer y todo esto, sin embargo, ocurrirá mañana.

Página 244: “Fue. Nunca volverá a ser. Recuérdalo.”


Todas las citas provienen de: Paul Auster. La invención de la soledad Ed. Compactos de Anagrama, 2002. Traducción de María Eugenia Ciocchini


martes, 23 de agosto de 2011

Thomas Pynchon / V. (parte V)

IX

Profane-Rachel I

Profane:
“Todo lo que schlemil puede hacer es recibir. Recibir lo que quieran echar encima las palomas del parque, o lo que quiera dar una chica encontrada en cualquier calle, lo malo y lo bueno, un schlemil como yo recibe y nunca devuelve nada” (Pág. 388)

Profane-Rachel II

Rachel:
“Te aterroriza el amor, y todo lo que sea otra persona que no seas vos. Mientras no tengas que dar nada, que sujetarte a nada, muy bien: podés hablar del amor. Las cosas de las que hay que hablar no son reales. No es más que una manera de elevarte. Y de mirar hacia abajo a quien trate de abrirse paso hacia vos, como me ocurre a mí” (Pág. 402)


X

Tierra sin viento

“Pero el mismo Stencil, que cuando se le preguntaba parecía cada día menos al tanto de lo que ocurría en el resto del mundo, reforzó la creciente teoría de Maijstral de que V. era al fin y al cabo una obsesión. Y que una obsesión semejante es un invernadero: temperatura constante, sin viento, exceso de caprichos multicolores, de brotes desnaturalizados”. (Pág. 472)

martes, 2 de agosto de 2011

Thomas Pynchon / V. (parte IV)

VII

La confesión del poeta maltés Fausto Maijstral

“Podemos justificar cualquier apología simplemente llamando a la vida rechazo sucesivo de personalidades. Ninguna apología es otra cosa que una novela –una semificción- en la que todas las identidades sucesivas adoptadas y rechazadas por el escritor como función del tiempo lineal, se tratan como personajes independientes. El propio hecho de escribir constituye otro rechazo, otro “personaje” añadido al pasado. Vendemos efectivamente el alma: entregándola a la historia en pequeños plazos. No es tanto para pagar unos ojos lo suficientemente claros como para ver más allá de la ficción de la continuidad, la ficción de la causa y el efecto, la ficción de una historia humanizada dotada de “razón”” (Pág. 325).

Más tarde en el relato, pero antes en la historia, Fausto dirá en conversación con Dnubieta (el poeta ingeniero) y dos prostitutas (bajo el asedio de las bombas de los ME-109 alemanes):

“Es que Dios y yo tenemos un acuerdo. Él olvidará que yo no he acudido a su llamada si dejo de hacer preguntas. Si me limito a sobrevivir” (Pág. 345).


Deja de hacer preguntas
y cuando vuelvas el rostro
estarás en la carrera,
lejos del comienzo
y lejos de la meta
Encarna tu fe

ENCARNA TU FE



VIII

Repubblika ta´Malta I
Dulce hogar

Malta del griego μέλι (meli): miel, o del fenicio maleth: refugio.

Malta es un sitio estratégico de sucesivas e históricas disputas. El país más denso, demográficamente hablando, de la Unión Europea. Insular, compuesto por un archipiélago, ubicado en el centro del Mar Mediterráneo.

Repubblika ta´Malta II

“Todos nuestros niños han tenido tan sólo un padre, la guerra; y una madre, Malta, sus mujeres” (Pág. 342).

The War, is a he or is a she?
   And the Moon, and the Earth
   the Winds?

Hekk ikun

                  El Gregal


Repubblika ta´Malta III

La Valetta

El cura Avalanche y Stencil (Pág. 473)
Los caballeros cruzados de Malta recorren La Valetta luego de la puesta del sol. ¿Qué buscan?

Paranoia de V.

Stencil-Stencil
“Los acontecimientos parecen estar ordenados dentro de una lógica ominosa” (Pág. 474)


Sucesiones

El Patriarca de Constantinopla, padre de la iglesia ortodoxa, es considerado sucesor de Andrés el Apóstol, tal como el Papa católico es considerado sucesor de su hermano Simón Pedro, y el Papa Copto sucesor de Marcos el Evangelista.


Mensaje

Antes del fin iré a buscarte y sabrás que nunca partí, sino que me encontraba oculto, en subrepticia complicidad con el mar y sus rocas.  

sábado, 16 de julio de 2011

Thomas Pynchon / V. (parte III)

V

Stencil, el buscador de viento I

Desde la aparición de Stencil (en el ejercicio de su técnica denominada “vigorosa dislocación de la personalidad”) aparecen los vientos, sobre todo los de baja temperatura. En Alejandría, en los alrededores de la plaza Mohammed Alí, un viento mudo (insonoro) empuja el frío del desierto libio a través de la calle (rue) Ibrahim hacia el resto de la ciudad. Luego, en Nueva York el viento del helado febrero corre por la Tercera Avenida barriendo las veredas del V-Note, acarreando hacia el centro de la ciudad su polvo y mugre. Los vagabundos, en consecuencia, se aprietan uno contra otro mientras aguardan la salida de los universitarios. En nuestras ciudades ¿qué calles tomarán los vientos, por dónde se encañonarán, hacia qué esquinas se dirigirán con celo, en qué rincones se anudarán?  De seguro, en los días de semana, se les da por juguetear en los estadios de fútbol. 


Stencil, el buscador de viento II


“Lo que son para el libertino unos muslos abiertos, lo que es el vuelo de los pájaros migratorios para el ornitólogo, lo que es el filo cortante de su herramienta para el mecánico de serie, lo que son los aplausos para el rock star, eso es para el joven Stencil la letra V.” (pág. 65)

En la persecución de V. hay varias constantes: algún nombre que cargue su inicial (coherentemente femenino, tanto si se refiere a un lugar o a una persona); algún contertulio de diversos europeos en algún país exterior (la conspiración, la amistad, el odio y la tensión sexual); y los vientos (surcando los paisajes de los pasajes –jujuju qué sonoridad!- para ir y envolver, formando parte de su composición, alguna figura siniestra o una ciudad entera).



Stencil, el buscador de viento III

Stencil-Profane

“Habían salido por la calle Catorce y caminaban en dirección este. Cada vez pasaban alrededor más vagabundos conforme se acercaban a la Tercera Avenida. Algunas noches la calle Catorce es la calle más ancha y con el viento más increíble de la tierra” (Pág. 405)


VI

Profane el teórico
Materialismo sexual o sexualismo dialéctico

“Si hubiera sido ese tipo de individuos que desarrollan teorías de la historia para su propia distracción, podría haber dicho que todos los acontecimientos políticos –las guerras, los gobiernos y las revueltas- tienen origen en el deseo de acostarse; porque la historia se desenvuelve de acuerdo con las fuerzas económicas, y la única razón por la que cualquiera desea hacerse rico es para poder acostarse con quien quiera y siempre que quiera” (pág. 228)

domingo, 3 de julio de 2011

Thomas Pynchon / V. (parte II)

III


Schoenmaker I

La cirugía plástica y sus esperanzas:

“Al otro lado de la sala, leyendo un ejemplar del Reader´s Digest, se sentaba un señor de edad con traje de gabardina verde musgo, que tenía tres ventanas en la nariz, carecía de labio superior y dejaba asomar un muestrario de dientes de distinto tamaño que se empujaban y apelotonaban como las lápidas de un osario en tierra de tornados” (página 109)

Schoenmaker II

El cirujano plástico del joven Godolphin

En el capítulo 2, parte 2 (pág. 103-108), la narración nos ofrece la historia del doctor Schoenmaker desde sus diecisiete años cuando logra escapar de la primera guerra. Desde ahí se inició como mecánico en tierra de aviones de guerra. Su “primera profesión”. Leemos: “Desde aquellos días, como sabemos, la democracia ha hecho sus incursiones y aquellas rudimentarias máquinas voladoras se han convertido en “weapon systems”, en sistemas de una complejidad nunca soñada que coordinan todos los servicios para que un arma cumpla a la perfección su cometido, con lo que el encargado de mantenimiento tiene que ser hoy en día tan miembro de la nobleza profesional como la dotación de vuelo que presta su apoyo”. Sin embargo, se supone que si bien el doctor no tenía los conocimientos especializados que “hoy” se requieren en ese tipo de trabajos, Schoenmaker sabe de mecánica. “Le llevó diez años trabajando en su primera especialidad – la mecánica” y realizó luego una gran cantidad de diversos trabajos (pág. 107) para poder sostener sus estudios en medicina y su segunda especialidad “la cirugía plática”.  Un hombre sumamente inteligente y práctico, un ser extraño hoy en día. En la actualidad un profesional destacado requiere ser un verdadero especialista en su área. Sea el campo de trabajo que sea, desde las ingenierías hasta las humanidades. Las dobles especialidades no se sostienen, sin grandes desastres históricos de por medio. Ni siquiera se acompañan de un oficio; a lo sumo de un hobby, un pasatiempo menor. Cada uno a lo suyo, claman los axiomas profesionales. Los escritores sin paga estamos realmente perdidos. 

IV

La caída del Padre y Vheissu (el no-espacio de fantasmagóricas fronteras)


Dice el gaucho, tras los barrotes, al muchacho Godolphin:

“Ya sabes cómo son los niños. Llega el momento de la despedida, un punto en el que el hijo ve confirmada la sospecha que anida desde hace tiempo de que su padre no es un dios, ni siquiera un oráculo. Se da cuenta de que ya no tiene ningún derecho a mantener la fe en ese sentido. Y de esa forma Vheissu se convierte en un cuento a la hora de acostarse o en un cuento de hadas al fin y al cabo, y el niño en una versión superior de su padre meramente humano” (pág. 206)

Evan Godolphin continúa argumentando su caso, haciendo y no haciendo caso a las palabras del gaucho. Habla de la revelación: “algo que no podía ser un accidente, un capricho del mundo inanimado”.


Fe primitiva: el hijo es el doppelgänger* del padre. (pág. 213)
*En el folklore alemán: fantasmagórico doble de una persona que lo acecha a lo largo de toda su vida.

lunes, 27 de junio de 2011

Thomas Pynchon / V.

I


El schlemil de Benny Profane es un vagabundo de primera:

“Raspó la barbilla contra el micro del teléfono, haciendo sonidos rechinantes con la barba de tres días. Pensó que en todo el camino hacia el norte, a lo largo de los ochocientos kilómetros de longitud del cable telefónico subterráneo, tenía que haber lombrices de tierra, ciegos gnomos y seres por el estilo que estarían escuchando. Los gnomos saben un montón de magia: ¿podrían cambiar las palabras, hacer imitaciones vocales?” (Pág. 37[1])

Todo schlemil tiene su Rachel Owlglass:

“Se notaba que sus ojos habían sido objeto de mil secretos cuidados. No necesitaban la calina del humo de un cigarrillo para que su mirada viniera a posarse en uno desde su fondo sensual, incitador e insondable. Llevaban su propia niebla con ellos. Nueva York debía de haber sido para ella una ciudad de humo; sus calles, los patios del limbo; sus cuerpos espectros. El humo parecía estar en su voz, en sus movimientos, haciéndola tanto más real, más allí. Como si las palabras, las miradas, las pequeñas lujurias sólo pudieran como el humo en su largo cabello, ser burladas y aquietadas; quedar allí inutilizadas hasta que ella las dejara en libertad, accidental e impensadamente, con una sacudida de cabeza” (Pág. 55)


II


En V. hay tres protagonistas: el mencionado Profane, Stencil el perseguidor de V. y la omnipresente V.

Stencil, si bien es mencionado desde el capítulo 2, aparece en acción en el 3. El subtítulo reza: En el que Stencil transformista, lleva a cabo ocho personificaciones. Este repertorio de personificaciones es una técnica denominada “Vigorosa dislocación de la personalidad”. Nos pregunta el narrador ¿para qué hace esto Stencil? Y responde: “Para mantener a Stencil en su sitio: es decir en la tercera persona” (página 66). 

Sobre una de las dislocaciones identitarias de Stencil se dice:

“Mera pieza del tren para cualquier observador casual, en su vida privada era Waldetar esa precisa mescolanza de filosofía, imaginación y constante preocupación por sus diversas relaciones, no sólo con Dios, sino también con Nita, con sus hijos, con su propia historia” (capítulo 3, pág 83)


Las ocho personificaciones son las siguientes:

  • P. Aïeul à Mozo del café de la plaza Mohammed Alí
  • Yusef (el factótum) à Anarquista. Encargado de la mesa del ponche en el consulado de Austria. Cedido temporalmente por el hotel Jedival.
  • Maxwell Rowley-Bugge à Vagabundo que simula ser turista; es en realidad Ralph MacBurgess ex artista del vaudeville inglés, algo pedófilo: “´Pero lo saben´ se dijo Max a sí mismo, ´no importa la edad, saben lo que es, lo que hacen. Lo único es que no piensan demasiado en ello´. Por eso él había trazado la línea de los dieciséis más o menos… un poco mayores y la literatura, la religión, el remordimiento, entraban como torpes tramoyistas y destrozaban el puro pas de deux” (pág. 74)
  • Waldetar à Maquinista del tren expreso Alejandría-El Cairo
  • Gebraíl à Cochero de El Cairo sumamente religioso
  • Girgis à Saltimbanqui. Subsiste además en el robo con escalo y la prestidigitación
  • Hanne Echerze à Camarera del Boeblich´s, cervecería alemana ubicada al norte del jardín de Ezbekiyeh en El Cairo
  • ¿? à Figura al final del pasillo en el teatro de verano del jardín de Ezbekiye, ¿testigo de un homicidio?



[1] Todas las citas y referencias corresponden a la edición de Tusquets Editores, colección Fábula, Julio 2008.  Traducción de Carlos Martín Ramírez. En uno de los pasajes citados, caprichosamente, meto mano y modifico el tuteo por el voseo y la correspondiente conjugación de los verbos. 

lunes, 7 de marzo de 2011

La recién llegada III

                                                                                                                                                                  4
(bestia)

Cruzo el umbral de la puerta de calle con alegría desaforada. Todos están aquí. En casa. Mi padre ríe estruendosamente mientras bromea con mis hermanos; mi madre prepara las ensaladas hablando y hablando; mi abuela observa sentada en su silla. Debe ser la ansiedad -por estar con todos, saludarlos, verlos reunidos- la que bombea mi corazón paroxísticamente.  Todos están aquí. ¿Hace cuánto nos los veo? No importa eso. Importa que estemos aquí, juntos, TODOS: sólo falto yo.

En un impulso de notoriedad (¡quiero participar, quiero abrazarlos!) salto a la mesa y desde allí les grito, para divertirlos con la sorpresa. ¿O es tan sólo un ataque de amor y nostalgia? Aunque mi voz sale gruesa, abatida, probablemente por la gran agitación, alcanzan a escucharme. Todos giran a verme. Pero los gritos que lanzan sobre mí, tardo unos momentos en darme cuenta, con decepción, no son de alegría. ¿Seré la única que tiene estos sentimientos tan profundos? Quieren que baje. Mientras me hostigan con ridículos retos, inapropiadamente fríos, me señalan la salida. “¡Fuera de ahí!” “¡Salga bicho!” Desciendo de la mesa con torpeza, ayudándome con las manos. Mi padre se acerca blandiendo una escoba en el aire. “¿Qué les pasa?”, grito, al tiempo que esquivo un violento golpe. “¡Soy yo! ¿Acaso no me ven? ¡Soy yo!” Un escobazo más, cruel, y decido salir ayudándome con las manos apoyadas en el suelo. Mi padre, histérico, toma una vez más la iniciativa y sale tras de mí, dispuesto a perseguirme, lo adivino en sus ojos inundados de cólera. 

¿Acaso hice algo? ¡¿No desean que esté ahí, con ellos?! ¡Quieren que huya! La pena me sofoca, las lágrimas explotan de mis ojos; entonces, escapo. Con mis manos en el suelo corro veloz y hábilmente. ¿Es eso posible? Junto al terror surge el alivio. ¡No saben que soy yo! Me detengo y giro a ver a los míos, a contemplar su ira. En mi boca se pronuncian ladridos. ¿Cómo explicarlo? Mi padre agita sus brazos y mis hermanos tiran piedras. Una me alcanza justo en el costado de mi hocico. El dolor me paraliza y caigo al suelo. Debo estar desmayada, sin embargo, me elevo. ¿Qué ha sido de mi cuerpo? Creo ver algo. Luego, todo es luz.

martes, 14 de diciembre de 2010

La recién llegada II

3    
(puta)

Cierro la ducha y respiro con fuerza el vapor espeso que se resiste a soltar mi cuerpo. Qué placentero estar sola, pudiendo disfrutar de mi habitación sin compañías; mirarme en el espejo y como si lo viese por primera vez sorprenderme de lo azulado y bordó de mi piel.
Pero lo bueno dura poco.

Los oigo entrar. Pasan por el pasillo y se dirigen a la cocina sin notarme. Mejor… Los escucho beber y conversar. Doblo algo de ropa. Ordeno los cajones. Contemplo la foto de mamá. Cómo la extraño.

En fin, voy con los otros para despegarme de la melancolía, a zambullirme en la oleada de carcajadas y agresiones por igual, arbitrarias pero equitativas. Pero cuando entro en la cocina, se nota que algo interrumpo porque todos callan y me miran como si no me conocieran. “No escuché nada de lo que hablaban”, digo, “así que no se preocupen”. Sé mantenerme, para decirlo de alguna manera, al margen de los puteríos. Pero se preocupan igual y prosiguen en su silencio, ahora mirándose entre ellos. Hasta que Camila dice: “¿Vos quién sos?” “¿Qué quién soy?” Intento una carcajada que no sale, que me queda trabada en la garganta, casi una tos.  “Soy la negra, boluda”. “¿Cómo entraste?”, arremeten. “Hace como un año que laburo acá”. Me siento como una aparición del más allá, todos me observan realmente pasmados. Sara se pone pálida y pienso en el miedo que sentí en el sueño de la siesta: era una nena, blanca, y estaba desorientada en una ciudad oscura y helada. “¿Estás bien, Sara?”,  pregunto incrédula. Me tienen que estar jodiendo. “¿Pero cómo mierda sabés mi nombre?” “¡Dejen de joder! Gordo, hacé el favor de servime un trago de eso”, digo para cortar la tensión, señalando una de las botellas que hay sobre la mesa. Pero nadie me conoce y Sara que comienza a rezar y pedir a la Virgen. El gordo que entiende poco, entiende que no soy bienvenida (¿acaso bienvenida?) se me viene al humo: “yo, enseguida la pruebo-o-o; si las conoce tiene que estar igual de bien”. Me agarra de la cintura y me acerca con fuerza, mientras me llega su aliento pestilente de alcohol y fritura. Entro en shock. Un espasmo de incredulidad, ¿mi madre sabrá de esto?

Sin embargo, no siento nada.  Los veo alejarse a todos, veo la noche y las luces, subiendo más y más. Desaparezco.
O, tal vez, llegó mi hora. 

viernes, 29 de octubre de 2010

La recién llegada I

2   
(niña)


El ojo avizor advierte mi presencia. ¿Cómo lo logra existiendo tanta gente? Mi vestido rojo probablemente lo ayude, entre tanto gris y negro, tantos vestidos de tonos apagados, tantos rostros resquebrajados por el polvo. Advierte mi presencia, pero ¿por qué?

Acabo de despertar de un sueño extraño que apenas si entiendo: soy un hombre en un tiempo antiguo, escribo cosas.

Me desperté en mi ciudad es cierto, que reconozco con facilidad, pero estoy sola con mi vestido rojo, descalza, y mi pelo largo y rubio. Salgo del callejón, camino mezclándome entre la multitud que vuelve de sus trabajos, compra algo y regresa a su casa. ¿Dónde está mi casa? No sé, no puedo recordarlo. Tampoco el rostro de mi madre, ni que edad tienen mis hermanos. ¿Soy la menor? Tengo 13 años, de eso estoy segura. También sé que no tengo padre. Es mi ciudad, debo tener un hogar en alguna parte, aunque no lo recuerdo y el ojo me advierte. Entonces ¿soy una extraña, una recién llegada?

Algo me dice que corra y me esconda, ya estarán acercándose. Puedo escabullirme por unos momentos; conozco las calles, los negocios y los atajos. ¿Cómo es posible? ¿De dónde provengo? Piso agua acumulada en una esquina y torpemente resbalo. Una mano agarra mi brazo para levantarme, ¿son los hombres que el ojo ha enviado en mi búsqueda?

Nada me sostiene. La mano se pierde en el aire, en la transparencia que soy. Me elevo, los veo señalar hacia arriba. ¿El ojo me ha desvanecido para llevarme ante él? Una brisa me arrebata y me pierdo entra las luces más altas.


miércoles, 13 de octubre de 2010

La recién llegada

1   
(cita)

¿Cuánto tiempo hace que estudio estas ciencias? Un buen puñado de meses, un confuso manojo de años. El primer acercamiento escéptico; después, la noche de revelación y los meses siguientes de profunda curiosidad; la cúspide obsesiva por llegar al límite del fenómeno; más tarde, el vaivén de frustraciones y nuevos entusiasmos.

¿He recogido, a lo largo de mi experiencia, alguna certeza? ¿Algo más fiable que una lista de anécdotas alucinatorias? Pues sí. Tengo pruebas, cientos de ellas; sin embargo ninguna autoridad científica les encuentra sustento. De todos modos, ya no tengo resentimientos. Es más, lo entiendo perfectamente. Otra demostración de mi espíritu realista. Nadie que esté ocluido por verdades de segundo orden, en las instituciones pedagógicas y de prácticas de lo legal, se lo puede tomar en serio. Está bien. Para este tipo de juicios soy apenas algo menos que un místico religioso, algo más que un parapsicólogo urbano… Además, mis inclinaciones descubiertas no podrían dejarme bien parado. Bueno, lo merezco: nunca supe relacionarme en mi vida. Ahora sólo me quedan los recuerdos de mis viajes, un vacío contra el que ya nada puedo hacer y esta cena frugal.

Recojo los platos y los restos. Luego, de camino a mi habitación, soy presa de una punzada en mi estómago. Es un posible comienzo. Creo desmayarme; no obstante, me desvanezco. Veo mis ropas en el suelo, incluso veo más allá de la materia, a través de ella. Una luz me succiona hacia arriba; soy una evanescencia de micropartículas en dispersión.