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viernes, 13 de mayo de 2011

La Jenguenós

 A través de estos fragmentos proféticos futuristas el hermético G. parece advertirnos sobre la posibilidad de la repetición histórica. Pero a pesar de que la Multiplicación encuentre vías para persistir, parece decirnos, el futuro puede ser peor de lo que ha sido el pasado.  ¿Será un costo a pagar?


Warwick Saint


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(…) sólo allí comprendimos que la verdadera fuerza de la profecía se encontraba en la esperanza de un dios que siempre está en vías de llegar. Desde ese momento su poder fue el nuestro. Nuestra serenidad se hizo imperturbable. La muerte dejó de ser un acontecimiento perturbador; (no era más que el cierre de un ciclo de aprendizaje). Toda manifestación del mal era el punto de apoyo de nuestra purificación. Esta u otra realidad, siempre concluiría siendo el gesto de dios. Esta u otra vida, tan sólo hacía falta creer que ya lo habíamos encontrado, aún sin poseerlo.

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(…) entonces se dio a conocer la Jenguenós. Sus miembros reivindicaron su arcaica ascendencia, la más antigua de todas, sin creerse portadores de privilegio excepcional alguno. Según su origen y su fe no eran más dignos de la existencia que una piedra o un árbol cualquiera. Durante milenios habían devenido sigilosa y discretamente, honrando con tranquilidad y constancia sólo lo que se resguarda siempre de nuevo en el silencio, sosteniendo con paciencia la sagrada afirmación de todas las cosas. Y ahora se daban a conocer, según lo solicitaba el séptimo anuncio. Pero su sola presencia importunó a los núcleos más rígidos del entretejido del poder, que reclamaban para sí toda clase de prerrogativas. La agitación se hizo profunda en los canales superiores de la regencia planetaria, decretando un exterminio intensivo de todo integrante de la Jenguenós. Los estabilizadores diagramaron y ejecutaron un operativo sin igual. Apenas los bio-analizadores inducían la sospecha de una posible revelación, la persona era neutralizada. No es posible calcular la cantidad de neutralizaciones consumadas según esta normativa. Los scanner realizaron un trabajo excepcional esterilizando las redes multi-informáticas. Pero es sabido que el operativo se desbordó de su objetivo, neutralizando miembros de la población que no tenían bio-enlace alguno con la Jenguenós. Hasta se ha llegado a decir que ningún integrante del arcaico linaje fue alcanzado por el exterminio. Entonces la Jenguenós volvió al sigilo y la discreción. Nada más se ha dado a conocer como proveniente de la antigua casta. Pero desde aquel momento no ha dejado de circular y divulgarse una vindicación que impide que ese acontecimiento caiga en el olvido de la esterilización informática. Toda su fuerza se conserva y dilata en una sola consigna: “Todos somos Jenguenós”. A partir de ese acontecimiento sabemos que algo cambió, aunque no podamos medir la extensión del mismo. Probablemente la Jenguenós haya vuelto al silencio de la discreción y el anonimato, pero ahora es cuando la sentimos más cerca que nunca. En lo interior tenemos la certeza que secretamente camina entre nosotros. Y -¿por qué no?- también dentro nuestro. Tal vez la vindicación sea cierta y éste haya sido el verdadero acontecimiento: ¡todos somos Jenguenós!         

viernes, 25 de febrero de 2011

Tecno-pacificador

 Las profecias se autocumplen o autodestruyen en las manos heridas de los decididos, y se vuelven sagradas o apócrifas en las bocas ulceradas de los charlatanes. La multiplicación pornofuturista se enciende en la sangre de los guerreros. En la imaginación de G., la revolución pornofuturista admite alternativas; sin embargo no es posible sin sacrificios.

En el primer tiempo pensé que tan sólo era un período de adaptación. Sabía que no todo se ajustaba al código de auto-regimiento. Pero lo dejé pasar: esa sensación era tan sólo una resonancia apagada, casi imperceptible. Además, tenía plena confianza en la consumación de los hechos… Debería haberlo sospechado. Esas mismas anomalías eran el anuncio: irregularidades técnicas, manifestación de sentimientos, especulaciones mentales, sumado a ese hormigueo energético en las bio-partes humanas. Todo eso era imposible en un tecno-pacificador. Sin embargo, no mucho tiempo después ya tenía la certeza de que la conversión no se había cumplimentado. Seguramente una avería en el intro-gestor mandaba la señal regular al comando central; esa era la única explicación de que mi irregularidad no fuera registrada. También mi mnemo-scanner estaba averiado: ningún recuerdo desde la conversión ha sido borrado. Por eso puedo recordar que continué así durante veinticuatro años del eón de ordenamiento. Nada que tenga algún vestigio humano, por mínimo que sea, podría soportar aquellas tecno-pacificaciones. Tan sólo recordar las irrupciones normalizadoras en el distrito KS231 hace que la manifestación energética en las bio-partes arda como un láser de desintegración intensiva. Con el tiempo he aprendido que los profetas ultramundanos le llamaban culpa. Pero el caso más desestabilizador es el archivo 107300/M, aquella niña del cantón de Ur, refugio de rebeldes de la coalición séptima. Con sus nueve años me miró directo al catego-visor y, con una tranquilidad absoluta, me reveló la profecía, antes que la pacificara a ella y a su pequeño feto. No entendí cómo, pero ella sabía con quién estaba hablando.
Recién ahora puedo ver claramente que la conversión no se cumplimentó al no producirse completamente la inhibición espiritual: este hormigueo energético se hizo con el tiempo cada vez más fuerte hasta que retomó su electro-forma: mi personalidad. También puedo recordar por qué busqué aquella conversión de la que ahora tanto reniego: tan sólo deseaba abandonarme en la paz absoluta que se prometía con la consumación de los hechos. Las multiplicaciones se habían tornado una transgresión sin precedentes; la desmesura más radical y destructiva. Los neutralizadores anímicos se volvieron completamente obsoletos debido al consumo desmedido de euforizantes. Nada de lo que se había buscado con las multiplicaciones pareció llegar al destino deseado. Entonces la nueva solución se impuso. Algunos la aceptaron, otros no. Yo me resolví por la conversión. Necesitaba borrar de mí la tortura interior de años de desmesura. Decidí ser un converso tecno-pacificador. Pero las cosas tampoco salieron como esperaba. Después de tanto tiempo, se ha hecho evidente que la tecnocracia del universo ha sido la más terrible transgresión del bio-orden. Desde hace años pienso en la serenidad de esa niña, que sabía que iba a ser pacificada. Mi inquietud más grande es saber que yo jamás podré alcanzarla…

Puedo visualizar que han dado la señal de pacificación. El bio-analizador del edificio me ha registrado cuando entraba. Me están buscando. Todavía ahora sigo recibiendo todas las normativas. No pueden desconectarme del comando central. Es otra señal. En 38 segundos se produce la irrupción.
Esta noche comienza la consumación de la profecía. No me preocupa que puedan neutralizar y eliminar mi archivo. Es inevitable que los motivos de este acontecimiento se difundan en las redes clandestinas suburbanas. “Está escrito desde siempre” - dijo la niña - “la profecía del nuevo eón comienza con el suicidio de un tecno-pacificador”. Es cierto, la destrucción de la tecno-cracia planetaria comienza desde su interior, en su enlace de seguridad más firme: mi auto-destrucción es inevitable. El desintegrador está cargado. Ya están sobrevolando el edificio… 

viernes, 3 de diciembre de 2010

El deportador

Las multiplicaciones emergen en situaciones inesperadas, golpéandonos sin dar aviso, incómodas e impertinentes. Acá una de mi amigo G. El loco se inspiró y puso manos a la obra. La relación está en el misterioso entramado del Pornofuturismo.

El deportador está encendido. El tiempo se ha agotado: he perdido toda esperanza de una maniobra de rescate. Siempre supe que era una ilusión. Todos somos prescindibles. He consagrado todo al movimiento de resistencia y ahora me siento tan vacío como los días en que pertenecía a los canales poblacionales. ¿Me habré equivocado? Miro alrededor: no hay siquiera un rostro humano del cual despedirme, en quien depositar un “adiós” como último gesto de mi vida. Una tristeza infinita me agobia: esta soledad que siento, ahora comprendo que la he experimentado toda mi vida. Estamos solos, inexorablemente aislados los unos de los otros. Un tecno-pacificador me empuja. Avanzo hacia el deportador. ¡Maldición! Hubiera preferido morir en combate. De repente escucho una voz apagada: me vuelvo esperanzado. Los tecno-pacificadores no la registran, tampoco los bio-analizadores; la cápsula de neutralización permanece sellada. No lo comprendo. Una luz se enciende entonces en mi corazón y crece súbitamente por todo mi cuerpo, cada vez más intensa, me abrasa con una sensación de amor infinito. Escucho que me llaman por mi verdadero nombre, que ni siquiera yo conozco.