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jueves, 2 de marzo de 2017

Un tejido sólido como un muro

Dicen que
en la deep web
existe un link secreto
que lleva a una página
capaz de revelar
la trama oculta
que enlaza todos los eventos
de la vida de cualquier usuario.
Dicen que solicita
algunos datos personales
y que luego hay que responder
a dos preguntas
con tres opciones de preferencia.
Una sobre comida.
Otra sobre colores.
Dicen que una vez aceptadas 
las condiciones y términos de uso
el formulario se carga
y una imagen se presenta
transparente
como una ecuación matemática.
insólita
como un monstruo de S. King
con la clave para comprender
todo lo que esa vida
fue, es y será.
Dicen que es casi imposible
de aguantarla
como la pintura-espejo
de Dorian Gray.
También dicen que es maravillosa
y que opera una transformación
iluminadora en el usuario
como una llegada inmediata al nirvana.
Dicen que hace uso
de una compleja programación
algorítmica que cruza datos
astrológicos y estadísticos
con el historial de recorrido
provisto por el GPS de Google Maps.
Dicen que todo es parte
de un programa experimental
del gobierno chino
para controlar el destino
de la humanidad.
Otros dicen que es un link
proveniente de un servidor
de otra dimensión
puesto ahí por seres interplanetarios
que pretenden ayudarnos.
El asunto, dicen,
es que recientemente
se liberó de sus restricciones originales
convirtiéndose en una
especie de virus autoconciente
capaz de traspasar las fronteras
de la deep web.
Dicen que es impredecible
y que está al acecho
y que un día se abrirá
por fin
en todos los ordenadores
en todos los teléfonos.
Eso dicen.

lunes, 28 de marzo de 2016

En torno a los poderes de Carlos J. Kamatowa



 
Banksy


Esa noche Mari tiene un sueño donde un perro es atropellado por un auto. Curiosamente, no hay conductor. Bajo las luces delanteras del coche, los párpados del perro se van cerrando como si estuviera durmiéndose. Al cabo, el motor del auto acelera y desacelera en punto muerto imitando el ritmo de un llanto entrecortado. A la mañana siguiente, sus padres están de viaje, Mari decide no ir al colegio. Duerme dos horas más de lo habitual. Luego, se prepara un té y varios panes con manteca y dulce, va hacia la ventana, deja la bandeja sobre el piano y toma el té mirando hacia la calle. Entonces recuerda que el perro de su sueño era un pastor belga.

 Aunque Mari no pueda verlos, en ese preciso instante, en otro departamento de otro edificio de la misma ciudad, una pareja se está separando. En el momento en que Mari arranca con sus dientes el primer pedazo de su segundo pan con manteca y dulce, la mujer está diciendo:

-Creo que quien tenga una vida interior muy grande puede dejar todo en cualquier momento.

Él, su nombre es Diego, la mira con verdadera angustia. Ella continúa:

-También vos vas a poder, lo sé. Mañana viene mi amigo a buscar el resto de mis cosas. De paso, te quedás con la llave…

Ella, en un gesto final, agarra la mano transpirada de Diego. Eso lo pone incómodo y no puede concentrarse en la solemnidad que el momento requiere. Diego cree que la transpiración de sus manos es una de las cosas que más complican su vida. Cuando sus manos empiezan a transpirar todo funciona mal: se pone nervioso y ya no puede dejar de imaginar lo que pensará aquel que sostenga sus húmedas manos; en las gotas corriendo por los surcos de sus palmas y arrastrando la mugre pegada a sus poros; en la mugre, las bacterias, los virus, etc. Ha probado, por ejemplo, ponerse talco antes de salir de casa. También maicena. Eso le funciona hasta que se lava las manos, por lo que debería llevar consigo un poco de talco o maicena. Pero a Diego le parece estúpido que en este mundo pueda haber alguien cargando un paquete de talco o maicena para evitar la transpiración de las manos. Diego se dice que es tiempo de aceptar y dejar de pensar en lo que otros piensen de su transpiración. Quizá si lograra dejar de pensar en su transpiración dejaría de transpirar.

Cuando la reflexión de Diego concluye, su ex pareja ya no está. Le hubiera gustado insultarla, al menos. Podría correr y alcanzarla, pero no tiene ganas. Es agotador, piensa. En cambio, se prepara un café y se acerca a la ventana. Ve los edificios, el cemento, lo gris, rojo y negro que es todo, y se dice:

-En otros lugares, hay gente que se pasa el día en hamacas paraguayas, lugares donde todo es verde y nadie piensa que el talco pueda ser usado más allá de las patas, los sobacos y los genitales. Ni hablar de la maicena. Ni hablar de las manos. 

En ese momento, entonces, Mari enciende un cigarrillo y Diego enciende otro y ambos miran hacia la calle. Si alguien pudiera ver lo que esas dos personas están pensando, y de hecho hay alguien que sí lo hace, notaría que el  perro del sueño de Mari es del mismo color de la taza de café que Diego está tomando y que el color del auto que atropella al perro en el sueño de Mari es del mismo color verde que Diego tenía en mente hace un momento. Esos son puntos de contacto, pero no son del todo importantes: Mari y Diego no se han visto todavía y no sabrán de estas coincidencias cuando lo hagan. Tampoco saben que en otra calle de la ciudad está por suceder algo fundamental para su futuro y que tiene que ver con la persona que puede ver sus pensamientos.

Primero, ocurre que esa calle de la que hablamos, equidistante de las ventanas de Diego y de Mari, se vacía. En las veredas ya no hay nadie. Los comerciantes de la cuadra dormitan en sus escritorios o acomodan algo en sus depósitos. Todas las puertas están cerradas y ningún niño espía detrás las cortinas. Podríamos decir que, por unos instantes, la calle está muerta: no existe para nadie. O también podríamos decir que el tiempo se paraliza, salvo que, doblando desde una de sus esquinas, aparece un hombre en bicicleta. Este hombre es viejo y se llama Carlos J. Kamatowa. Lleva puesto un saco negro y gastado en los codos, barba larga con algunas canas, pelo grasiento y despeinado. No huele feo, pero a la distancia pareciera que sí. Es de origen japonés, pero no es japonés. Es argentino-japonés. O simplemente argentino. No obstante, tiene algo que lo hace parecer extranjero. No digamos del país, sino del mundo. En efecto, Kamatowa es un extraterrestre con el poder de observar la cuarta dimensión.

Kamatowa viene andando en una bicicleta que tira de un carro cargado de objetos. Allí lleva, entre otras cosas, una lámpara, una tijera de podar, una campera de cuero con una estampa de Hermética, un burbujero roto, cinco metros de hilo sisal, una figurita con la cara del Cholo Simeone del año 94, una especie de radio portátil de largo alcance con la que se comunica con seres de otro planeta. Kamatowa frena en el medio de la calle. Saca de uno de sus bolsillos un lápiz mordido y una pequeña y sucia libreta. Se rasca sus sienes con el cabo del lápiz, piensa unos segundos y anota los nombres completos de Mari y de Diego. Debajo agrega una fecha y un lugar. Encierra todo en un círculo, saca una flecha y anota: “Ladrido de pastor belga. Será hermoso”. Después, cuando Kamatowa comienza a pedalear, la calle, de a poco, vuelve a llenarse de vida: gente, mascotas, tránsito, sonidos.  

En lo que queda del día, Diego intentará olvidar a su ex mujer trabajando frente a su computadora. Cerca de las 17.30 lo logrará. A la noche cenará fideos, ensalada de tomate y pollo del día anterior. Mezclará todo en una gran fuente y lo comerá viendo una película en el canal TCM. Se reirá a carcajadas y no lavará los platos antes de acostarse. Al otro día cuando venga el “amigo” de ella a dejar la llave ya no sentirá ni rencor ni tristeza por su partida y se sentirá definitivamente despreocupado. Mari también pasará el resto del día sola en su departamento. Por la noche, pedirá pizza y casualmente sintonizará la misma película que Diego. Mari sólo se reirá en tres ocasiones y llorará mucho en el final. En la madrugada, cuando lleguen sus padres, se meterá en la cama y se hará la dormida. No logrará sentirse feliz en mucho tiempo.  

Para saber qué ocurrirá cuando Diego y Mari se encuentren hay varias opciones. La primera es elegir uno de los dos, averiguar su domicilio  y seguirlo durante mucho tiempo hasta que se encuentre con el otro. Esta primera opción encierra el riesgo de verte envuelto en una paradoja temporal, de esas tipo Philip K. Dick, donde al final descubrís que sos un elemento fundamental para que el hecho que estás buscando comprobar se termine cumpliendo. Otra, inmediata, es que un agujero de gusano se abra en este momento, a tu lado. O debajo o atrás o arriba. De ese modo, podrías atravesar años luz de tiempo y materia para llegar a la fecha y lugar exactos que Kamatowa escribió en su libreta. Seguramente sería algo maravilloso. Te enterarías, entre otras cosas, si John Titor tenía razón sobre el inicio de la tercera guerra mundial. La última, es imaginar una tormenta cuyas nubes contengan todos los colores que aparecen en este relato. En ese caso, soplará un viento feroz y las nubes prendidas a las montañas amenazarán la ciudad. En un callejón un perro, un pastor belga, deberá ladrar anunciando lo inaudito, lo que no puede suceder.


Emiliano Baigorri 
Este relato obtuvo el tercer premio en el concurso de Cuento Digital 2015 organizado por la Fundación Itaú.  Publicado originalmente aquí

miércoles, 4 de noviembre de 2015

martes, 25 de marzo de 2014

Marcela profética






He visto campos
sembrados con niños
incendiarse una mañana
de mucho sol.
Sus breves cabezas
lanudas ardiendo
hasta el anochecer.
He visto a la memoria
transformándose
en venganza.

He visto mucho antes
de los confines del tiempo
ingresar naves de combate
por el corredor
de las Sierras Chicas
arrojando rayos desintegradores
sobre los countrys.

He visto las bestias metálicas,
los insectos de acero,
junto a los fantasmas negros
de las lavanderas
furiosas, emerger
desde el Suquía
reptar por las paredes
de la Cañada y emprender
el ataque
hacia el Sur de la Ciudad.

He visto las llamas
en la ciudad. Los cyborgs
en apoyo de la revuelta
multiplicadora
tomar el control
de la plaza San Martín.
La cabeza del gobernador
en una pica, el cuerpo
del intendente
empalado
aún vibrante
sobre una plataforma improvisada
sobre San Juan y M. T. de Alvear.

He visto la viruta
del metal incrustarse
en los pliegues deformados
de las frescas cabezas
como frutas
de jóvenes muchachas
que soñaban ser banqueras.
Sus sueños diluidos
corriendo por el asfalto
hasta mezclarse con la grasa
chorreante
de los carros propulsados
del 108º Festival Internacional del Choripán.  

He visto la traición académica
y el corte limpio de sus intestinos
He visto la desesperación
en las trincheras de Nueva Córdoba
la última resistencia,
Los he visto perecer.

He visto en una terraza
de un edificio de Alberdi
un corral con gallinas y puercos,
las cámaras de la televisión
registrando el manifiesto
de un grupo de payasos
degollándose a sí mismos.
El tajo de sus gargantas
abrirse como párpados,
la sangre como un llanto
derramándose sobre las plumas
y las pieles de los sucios animales.

He visto esto
una y otra vez.
Lo he visto
extasiada siempre.
Cuando todo acaba
pongo en mi equipo de música
Division Bells de Pink Floyd.
Me tomo un café
enciendo un cigarrillo
y fumo
hasta que las campanas
ya sólo repican
en mi cabeza.   



domingo, 16 de marzo de 2014

Pasto de Urón

I
En las breves colinas de Íoe
mientras, las olas
de lava se sacuden
y el viento arrastra el vapor
hacia el exterior
una de sus novias
rueda pendiente abajo
para incendiarse
en el instante

Safari mira con nostalgia
el reguero de sangre blanca y
felpuda que ella ha ido dejando
como huellas de la calamidad
insignificante de una vida
y sólo
puede pensar
en los pastos de Urón

VI
Escribe Tanco:
para esquivar
una gran ola
de basura espacial
descendemos en Kritón
a tomar algo fresco

Safari trepa
su lengua afuera
un géiser de nitrógeno
No quiere perderse
la vista excepcional
de la lluvia de diamantes
de Noptenu


(De una serie que se llama Pasto de Urón)

martes, 29 de marzo de 2011

Stop that train!

Stop that train, I want to get on, my baby she is leaving me now

She said she was going on the morning train,
She won’t be back for long
She said my dear I do love you
No matter what they say or do

El Natty Combo

Corro
bordeando
la hilera de álamos
y eucaliptos
buscando
la frescura
de las baldosas
sin sol

Atravieso
la avenida central
hacia los callejones
que descienden
en curvas
sin interrupción

Esquivo niños
como obstáculos movedizos
mientras soporto
las miradas vidriosas
de los ancianos
en mecedoras
y la molestia de la remera
pegada al pecho
(un bajo costo
si se persigue
la redención)

La carrera
es triste
pero heroica
y el tropiezo que detiene
el cuerpo contra el suelo
es la tregua
de la acción inconciente
que deja escuchar
el ruido de la máquina
poniéndose en movimiento,
el pitido de arranque
y el chirrido de las poleas
que empujan
el acero sobre las vías


En los andenes
y las plataformas
hay quienes
tendrán
sus despidas

Para mi sólo resta
gritar
en la distancia:
¡detengan ese tren,
mi amor me está dejando!

We Walk a Haunted Land - Steven Ward

sábado, 22 de enero de 2011

Minimalismo



La referencia a estas imágenes es un termino (una idea, aunque más probablemente un nombre) que significa diferentes cosas en varios idiomas: pod borka.

Yo pienso en un cisne y en un viejo hotel.
El rostro es un misterio que sobra.

jueves, 13 de enero de 2011

Sueño ser una mariposa danzando en la penumbra

¿Entonces?
Entonces no hay nada que decir.
Me voy a leer,
Murakami
sólo por ahora
………....

Mañana lloverá porque un oso polar se ha comido las estrellas
..
Nimono, Misoshiru
Soledad, celos
….
 En aquella época
nos sentíamos especiales
Quizás sí lo éramos
pero ya no, ya no
.
…náufragos perdidos en los confines del mundo…
.

Ese pájaro voló
fue perfecto
mientras duró
                      No me apenaré nunca más
con esa profundidad
Dejaré que las cosas pasen
trataré de comprender
  nos amaremos
nos odiaremos

.
Soledad y celos
…

Por eso, siempre se lo hice
con los dedos o con los labios,

¿comprendés?
.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Retrato de Nan

En mi bilbioteca tengo un libro de fotos Joel-Peter Witkin. Revisar ese libro de noche, en soledad, sin saber quién es Witkin, puede ser peligroso para la vida de nuestros sueños.